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El resultado es un espectáculo en el que los actores parecen sólo portadores de ideas, que sólo se apoyan en las palabras sin profundizar los vínculos, ni defender sus verdaderas razones. Se intenta un distanciamiento que perjudica a la obra, cuyo tema -más allá de la lucha contra las convenciones que separan a los dos amantes-, es el remordimiento, y cuyo personaje principal es la mujer ausente que, con su suicidio, pesa sobre ambos como una culpa de la que no pueden desprenderse.
Otro de los defectos del espectáculo es que muchos de los parlamentos se pierden y, en una obra que se apoya en el texto, resulta penoso para el espectador no entender las razones que los personajes exponen.
La mayor parte de las críticas del público se enfocan en la pieza, lo que no es justo ya que está sólidamente construida. Es el tratamiento dramático lo que la hace parecer superficial.
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