20 de febrero 2001 - 00:00
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Obra de Carlo Carrá.
Finalizada la Guerra del '14, tan deseada por los futuristas, se disuelve (Russolo, además, dejó la pintura por la música). Aun así, puede hablarse de una segunda etapa futurista (o de un Neofuturismo), en los años '20, en la cual participan artistas de la hora inicial, como Ardengo Soffici, Mario Sironi y Ottone Rosai, y otros recién llegados: Enrico Prampolini, Mino Rosso, Fortunato Depero, Aligi Sassu (que mostró sus obras en Buenos Aires, en el CAYC -Centro de Arte y Comunicación-, en 1992). Si bien continúa pintando obras futuristas, en los años 1912-13, Carrà comienza a trabajar con collages: el artista crea sus «papiers collés». La fragmentación que supone el montaje, vinculado al cubismo, describe la imagen formal de la obra. Poco a poco se aleja del tema de la velocidad y el dinamismo, para explorar una aproximación más constructiva de la realidad.
En 1920-21 adhiere al grupo y la revista «Valores Plásticos» y participa en la muestra berlinesa con ocho obras, en 1921. El triunfo en la Primera Guerra Mundial ha traído a Italia un resurgimiento del espíritu nacionalista, cuya extrema representación encarna el poeta, novelista y dramaturgo Gabriele D'Annunzio (1863-1938), uno de los ideólogos del Partido Fascista, creado por Mussolini en marzo de 1919, a sólo cuatro meses del armisticio que ha dado fin a la contienda.
Ese espíritu nacionalista, origen de la revista «Valori Plastici», que Mario Broglio funda en Roma, en noviembre de 1918, y alrededor de la cual se reúnen pintores, escultores, críticos y teóricos del arte, no es xenófobo ni se inscribe, todavía, en la derecha política.
Sin embargo, el retorno al oficio, proclamado por De Chirico, es en verdad un retorno al orden, y la revista «Valori Plastici» será su vocera. Cuando cesa de publicarse, en 1922, la prédica ha sido fructífera, y será llevada adelante por el grupo Novecento, de Milán. Por su parte, Carrà comienza en 1922 su cola-boración como crítico de arte en el periódico «L' Ambrosiano», y participa por primera vez en la Bienal de Venecia.
En 1926 se presenta en la I Muestra del Novecento, aun sin adherir oficialmente al movimiento. Desde 1927-28, se dedica a la pintura del paisaje y desde 1930, a la figura humana. En 1933 y 1936 participa en la Trienal de Milán. En esos años, Carrà abandona los postulados metafísicos, sin renunciar al modernismo. Pero en los años de la posguerra, hacia mediados de siglo, la crisis de la modernidad conlleva el abandono de la concepción lineal de la historia y la idea del progreso. El recorrido trazado por algunos artistas como Carrà -que pasa del futurismo a la metafísica, a los valores plásticos y luego al realismo-, en la primera mitad del siglo XX, ha permitido reconocer en ellos, al cabo de medio siglo de labor, un rechazo a la concepción de progreso.




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