20 de febrero 2001 - 00:00

Expone Bellas Artes al italiano Carrà

Obra de Carlo Carrá.
Obra de Carlo Carrá.
(20/02/2001) En ocasión de la visita a la Argentina del presidente de Italia, Carlo Azeglio Ciampi, y su esposa, Franca Ciampi, el embajador de ese país, Giovanni Jannuzzi, ha conseguido que se exponga en Buenos Aires a un gran artista italiano, Carlo Carrà, cuya muestra se inaugurará el próximo 15 de marzo, en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Carrà (1881-1966) recibe una importante formación clásica, de su maestro Cesare Tallone en la Academia de Brera, en Milán. Pero hacia 1908, conoce a Umberto Boccioni, con quien tiene gran afinidad temática y estilística en sus obras, especial-mente en las escenas urbanas, como en «Piazza Duomo», 1909, «La estación de Milán», 1910. En 1910 adhiere al futurismo y firma sus manifiestos: «Manifiesto de la pintura futurista» y «Manifiesto técnico de la pintura futurista». Con esa vanguardia, cuyo heraldo es el poeta y escritor, Filippo Tomasso Marinetti, se inicia el movimiento en 1909 y se instala el modernismo en la pintura italiana.

El futurismo, que arremete contra las tradiciones culturales europeas, exalta la máquina y reivindica la guerra, tendrá sus mejores logros en la pintura, pero muchos críticos tenemos nuestras dudas acerca del movimiento que con la perspectiva de su ideología es muy resistido. El manifiesto canónico del movimiento aparece en 1910, y lleva la firma de Giacomo Balla (1871-1958), Umberto Boccioni (1882-1916), Carlo Carrà (1881-1966), Luigi Russolo (1885-1947), y Gino Severini (1883-1966). Su presentación en el mundo de las vanguardias llegará en 1912, con la muestra que realizan en París.

Para los futuristas, la pintura debe manifestar el dinamismo de la vida moderna urbana. A la descomposición de las formas a través de la luz y el color tomada del puntillismo, unen la descomposición en planos iniciada por los cubistas, para representar el movimiento y la simultaneidad. Los futuristas apuestan simultáneamente a la agresividad cromática y a los temas de la existencia cotidiana.

Finalizada la Guerra del '14, tan deseada por los futuristas, se disuelve (Russolo, además, dejó la pintura por la música). Aun así, puede hablarse de una segunda etapa futurista (o de un Neofuturismo), en los años '20, en la cual participan artistas de la hora inicial, como Ardengo Soffici, Mario Sironi y Ottone Rosai, y otros recién llegados: Enrico Prampolini, Mino Rosso, Fortunato Depero, Aligi Sassu (que mostró sus obras en Buenos Aires, en el CAYC -Centro de Arte y Comunicación-, en 1992). Si bien continúa pintando obras futuristas, en los años 1912-13, Carrà comienza a trabajar con collages: el artista crea sus «papiers collés». La fragmentación que supone el montaje, vinculado al cubismo, describe la imagen formal de la obra. Poco a poco se aleja del tema de la velocidad y el dinamismo, para explorar una aproximación más constructiva de la realidad.

En las obras de esos años, profundiza su preocupación formal en construcciones arquitectónicas de volúmenes en equilibrio. También en esa época, inicia su actividad como crítico y teórico de arte. En 1916, conoce a De Chirico, con quien desarrolla un estrecho vínculo y realiza sus primeras pinturas metafísicas. La ciudad de Ferrara con sus plazas vacías, sus estatuas y sus frescos del Quattrocento, constituyen el marco en el que Carrà se aleja del dinamismo del futurismo y se dedica, -en un trabajo en común con De Chirico-, a la imagen interna de los objetos.

Luego, Carrà va afianzando elementos retóricos propios, hasta lograr una poética más personal, caracterizada por explorar el misterio de las objetos comunes, como en «Naturaleza muerta con escuadra» (1917), sus recipientes, sus playas abandonadas y sus construcciones cubistas.

En 1920-21 adhiere al grupo y la revista «Valores Plásticos» y participa en la muestra berlinesa con ocho obras, en 1921. El triunfo en la Primera Guerra Mundial ha traído a Italia un resurgimiento del espíritu nacionalista, cuya extrema representación encarna el poeta, novelista y dramaturgo Gabriele D'Annunzio (1863-1938), uno de los ideólogos del Partido Fascista, creado por Mussolini en marzo de 1919, a sólo cuatro meses del armisticio que ha dado fin a la contienda.

Ese espíritu nacionalista, origen de la revista «Valori Plastici», que
Mario Broglio funda en Roma, en noviembre de 1918, y alrededor de la cual se reúnen pintores, escultores, críticos y teóricos del arte, no es xenófobo ni se inscribe, todavía, en la derecha política.

Sin embargo, el retorno al oficio, proclamado por
De Chirico, es en verdad un retorno al orden, y la revista «Valori Plastici» será su vocera. Cuando cesa de publicarse, en 1922, la prédica ha sido fructífera, y será llevada adelante por el grupo Novecento, de Milán. Por su parte, Carrà comienza en 1922 su cola-boración como crítico de arte en el periódico «L' Ambrosiano», y participa por primera vez en la Bienal de Venecia.

En 1926 se presenta en la I Muestra del Novecento, aun sin adherir oficialmente al movimiento. Desde 1927-28, se dedica a la pintura del paisaje y desde 1930, a la figura humana. En 1933 y 1936 participa en la Trienal de Milán. En esos años,
Carrà abandona los postulados metafísicos, sin renunciar al modernismo. Pero en los años de la posguerra, hacia mediados de siglo, la crisis de la modernidad conlleva el abandono de la concepción lineal de la historia y la idea del progreso. El recorrido trazado por algunos artistas como Carrà -que pasa del futurismo a la metafísica, a los valores plásticos y luego al realismo-, en la primera mitad del siglo XX, ha permitido reconocer en ellos, al cabo de medio siglo de labor, un rechazo a la concepción de progreso.

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