"Final de obra"

Espectáculos

Existen muy pocos registros cinematográficos de ensayos teatrales argentinos, y aun más, de génesis de una obra teatral. Apenas podría citarse el corto de Simón Feldman «Un teatro independiente» (1954), algo del experimental de los '70 «La cabellera de Berenice», de Horacio Vallereggio, cercano al psicodrama, y, como buen juego de representación dentro de la representación, con sus tramoyas y entretelones, el drama de Julio Saraceni, «Marta Ferrari» (1956), con Fanny Navarro y Duilio Marzio sobre texto de Carlos Gorostiza. No mucho más.

De ahí que se aprecie de inmediato el documental que ahora vemos, hecho además con relevante calidad fotográfica y sonido claro, superior al habitual de algunos informes televisivos. Relevante, el trabajo de iluminación y cámara moviéndose entre una docena de actores en un espacio reducido, y el montaje, que transmite como corresponde la sensación de «estallido loco donde momentáneamente todo entra en discusión», según define Ricardo Bartis los ensayos de su taller-escuela. El documental se subtitula, precisamente, «Aproximación a Ricardo Bartís», y registra los meses finales de preparativo de su último éxito, la parodia histórico-social «De mal en peor».

Vemos así el modo en que se fueron elaborando personajes, situaciones, y, recién después, los textos, y al director tirando líneas, orientando movimientos, y explicando en un aparte sus consideraciones teóricas, sus métodos de creación y recursos prácticos (él mismo es pintor, electricista y utilero), define a los actores como « chamanes momentáneos», destaca la importancia de los ayudantes, cuenta la obra desde diversos ángulos (se le escapa la risa varias veces, al hablar de sus personajes, «una clase política incapaz que no está fuera de la sala»), y elogia la sencilla altura de Florencio Sánchez, cuya visión crítica prosigue de modo alusivo y muy actualizado.

«De mal en peor» no cita directamente al autor de «En familia», pero el documental inserta gustosamente aquello de «Si yo muero, cosa difícil, dado mi amor a la vida» con que Sánchez encabezó su testamento, dejando su cuerpo a los estudiantes de medicina. Se hubiera apreciado, también, para quienes recién llegan, las generaciones futuras, e incluso para el simple ego del artista, una didascalia sintetizando la trayectoria de Bartís y de su Sportivo Teatral (nombre que, dicho sea de paso, recuerda otro más gracioso, el Sportivo Shakespeare Club, de unos entusiastas entrerrianos que allá por los '60 difundieron clásicos y no clásicos en centros de fomento, circos, y hasta teatros). Lástima, también, que no haya siquiera un plano inicial con el frente del lugar donde transcurre casi íntegramente la acción, y que el documental sea, además, tan breve. Dan ganas de seguir viendo.

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