Los conflictos del protagonista quizá no logren mucha identificación por parte del público argentino: excepto seducir una o dos suecas por semana, Las chicas lo odian cuando las abandona para no comprometerse, pero un buen día descubre que una madre soltera se toma la despedida de otra manera, y a partir de ahi el protagonista se obsesiona con la idea de seducir a madres solteras o separadas. Como no sabe dónde encontrarlas, finge ser padre y se mete en un grupo de apoyo esperando encontrar apetitosas madrecitas suplicantes de una noche de juerga.
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