Tomás
González
confiesa que
vivir durante
veinte años
en Nueva
York le
permitió
escapar de
temas
habituales de
la literatura
colombiana
como
sicarios,
narcotráfico y
guerrilla.
No hay sicarios, ni guerrilla, ni narcotráfico, en las novelas del colombiano Tomás González, las evita cuidadosamente. Acaso por influencia de Borges, de Rulfo o por haber estudiado filosofía elige los grandes temas universales donde no deja de estar presente la violencia y la muerte. Parte de pequeñas historias cercanas y dolorosas (el asesinato de un hermano, los diarios de un tío en la Europa de la Segunda Guerra Mundial). Ha publicado «Primero estaba el mar», «Para antes del olvido» ( Premio Nacional de Novela), «La historia de Horacio», entre otras obras. En su visita a Buenos Aires dialogamos con él.
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Periodista: ¿Qué cuenta en su novela «Primero estaba el mar»?
Tomás González: Un pareja que se va junto al mar en una zona muy selvática y bella. Ocurre en los '70 y ellos son hippies, buscan el paraíso retornando a la naturaleza. Pero una vez allí la relación comienza a deteriorarse, ella termina huyendo y él por morir en la quinta que había comprado.
P.: ¿Se planteó esa novela como una tragedia?
T.G.: Sí, en la medida que los mueven fuerzas que son mas grandes que ellos, que lo van llevando sin poder volver atrás.
P.: Su personaje lleva por nombre una inicial, ¿lo hizo como un homenaje a Franz Kafka?
T.G.: Usé el recurso de Kafka para distanciarme del personaje real, porque cuento una hecho que ocurrió en mi familia, la historia del asesinato de mi hermano Juan, en Urubá. Yo tenía datos de lo ocurrido pero muchos espacios de no saber, de vacíos, que me permitieron hacer desembarcar la literatura.
P.: ¿Pudo trabajar literariamente con un drama que lo tocaba tan de cerca?
T.G.: Muchas veces mientras escribía se me ocurrió que estaba utilizando desvergonzadamente la muerte de mi hermano para hacer literatura. Pero así y todo seguí. Hoy pienso que fue un homenaje no sólo a él sino a toda una generación.
P.: Sorprende en la novela de un colombiano no encontrar sicaros, guerrilla, secuestros, narcotráfico...
T.G.: Me cuidé que otra vez no se convirtiera en eso. Colombia tiene otros temas, ¿es necesario que le recuerde a García Márquez? Yo busqué mostrar otra violencia, una violencia mítica, la que nos enfrenta a las fuerzas de la naturaleza.
P.: ¿Considera que García Márquez marcó su obra?
T.G.: Sin duda, pero no estilísticamente. Uno va a la costa atlántica de Colombia y allí están andando por las calles los personajes de sus obras. García Márquez nos mostró que se podía hacer con nuestra historia gran literatura. Nos descolonizó, nos arrancó los complejos y nos impuso exigencias de calidad. A ese «se puede hacer gran literatura en Colombia» nos volvió a impulsar las obras de Alvaro Mutis y de Fernando Vallejo.
P.: ¿Pesaron en su formación esos escritores colombianos hoy consagrados internacionalmente?
T.G.: Admiro a García Márquez, pero en mi formación pesaron dos escritores no colombianos, el argentino Borges y el mexicano Rulfo, por la economía y la música del lenguaje. El boom de la literatura hizo compatriotas a los escritores de los países de América Latina. Mutis fue tan importante como Julio Cortázar, que tuvo mucha influencia en la escritura de Colombia. Ahora se ha vuelto a un cierto nacionalismo aislacionista que no nos sirve, y que internet nos ayuda a romper.
P.: ¿Por qué «Primero estaba el mar», la primera de las cuatro novelas que lleva escritas, recién se edita ahora?
T.G.: Se publicó hace años y ya lleva varias ediciones, ésta es la primera en un gran editorial. Yo era joven y, mientras estudiaba filosofía, trabajaba como barman en El Goce Pagano, un bar de Bogotá que descubrió para la capital la música y la danza caribeña. Era un lugar reducido en una zona peligrosa, donde había que saber llegar y saber irse porque sino era fácil que a uno lo atracaran. Allí se armaban tertulias de gente de la Universidad Nacional. Para celebrar los cinco años de El Goce Pagano se eligió editar mi novela y distribuirla en la barra del bar. Eso me brindó una experiencia única: poder dialogar con mis lectores. El interés por mi texto hizo que tuviera publicaciones en universidades. Y ahora, finalmente, apareció a nivel comercial, en un gran editorial internacional.