10 de noviembre 2006 - 00:00

Godard, la música y la guerra

Godard, la música y la guerra
«Nuestra música» (« Notre musique», Francia, 2004; habl. en francés). Dir.: J.L. Godard. Int.: J.L. Godard, S. Adler, J. Goytisolo y otros. SBP.

La vasta, inclasificable e incesante obra de Jean Luc Godard se continuó, dos años atrás, en esta película de engañoso título: «Nuestra música» no se refiere a la música sino a la guerra, y no se refiere a la guerra como tal sino a la guerra desde la visión literaria y visual del director de «Sin aliento»: una guerra hecha de fragmentos de imágenes de distintas fuentes, de citas literarias -como hizo a lo largo de toda su carrera-, de entrevistas, de reflexiones acabadas o inconclusas. El cine como eterno suceder, la máxima de Godard.

«Nuestra música» está dividida en tres partes, a la manera de la Comedia dantesca. El infierno es una amalgama de imágenes procedentes de las fuentes más diversas, desde el Holocausto a la guerra balcánica, desde la realidad a la ficción (el manejo audiovisual que el cine hizo de la guerra también juega un papel fundamental). Citas, breves, y delicados comentarios al piano son el único contrapunto de lo que se ve en pantalla.

El Purgatorio, la parte más extensa del film, fue filmada por Godard en Sarajevo, durante uno de los Encuentros Europeos del Libro.

Fragmentos de disertaciones, apuntes sobre la poesía, la literatura, la contradicción entre Oriente y Occidente.

El Paraíso, colofón del film, tiene como centro a una muchacha inmolada, y que halla refugio en una playa innominada, custodiada por marines norteamericanos.

La guerra fue siempre una obsesión para su director. Desde tempranas películas como la colectiva «Loin de Vietnam» o «LE petit soldat», Godard -que ya ha renunciado a las preguntas, si es que alguna vez se planteó alguna- prosigue en «Nuestra música» su ininterrumpido discurso.

Desde luego, fracasará el espectador que quiera « entender» el film como si tuviera un único sentido, en lugar de dejarse llevar por el « repentismo de ideas» de su arbitrario director. Sólo acompañando esas ideas, que no rechazan la inclusión de un escena en la que Godard discute sobre el uso del plano y contraplano en «Ayuno de amor», con Cary Grant (sí, en medio de las reflexiones sobre la guerra), se podrá disfrutar su cine anticonvencional.

Marcelo Zapata

Dejá tu comentario

Te puede interesar