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26 de junio 2006 - 00:00

Gordín transforma su exposición en un set

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«De noche», madera, vidrio, bronces y luces, una de las obras de efecto dramático en «Nocturnia» de Sebastián Gordín.
La gran sala de la galería Ruth Benzacar se puede ver en estos días bañada por la luz de la luna. Se trata de uno de los efectos especiales de la muestra «Nocturnia» de Sebastián Gordín, artista que utiliza recursos cinematográficos y logra recrear con su obra el clima de un set de filmación.

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En muestras anteriores (Centro Cultural de España o Fundación Telefónica), Gordín construyó escenografías espectaculares para sus intrigantes relatos. Esta vez los personajes están ausentes en la mayor parte de los trabajos, pero los escenarios vacíos funcionan como eficaces vehículos para estimular la imaginación del espectador. En el medio de la sala se levanta una serie de plazoletas secas, urbanas e infinitamente tristes, erigidas sobre pedestales.

Unos árboles pelados son los protagonistas de estos desolados paisajes donde llueve literalmente y, en cada gota que cae, titila una luz amarillenta. El efecto, bello y siniestro a la vez, se acentúa en algunas obras con la aparición de unos personajes ambiguos y espectrales. «El media cara», una escena nocturna como todas, pareciera ser la reproducción en pequeña escala de un dramático accidente. «Patrulla nocturna», es la reconstrucción de las dársenas portuarias, donde unos personajes sumergidos en el agua invitan a evocar las series de novelas y cine negro que alimentan el imaginario de Gordín. Entre estos paisajes congelados, se destaca el fuego.

«De noche», una obra realizada en madera roja, confabula un paisaje dantesco donde danzan llamas antropomórficas. Es un incendio bajo la luz de la luna y frente las puertas de un parque; es el infierno de Gordín. Pero un infierno que, como ocurre con casi toda su obra, ostenta el aspecto de un juguete o de una maqueta, característica que lo distancia del drama y acentúa el clima de irrealidad.

Sin embargo, son estas mismas sensaciones, la irrealidad y el extrañamiento que suscitan la obra, sumadas a la permanente oscilación entre la realidad y la ficción, el horror y la maravilla, las que tornan tan provocativa y cuestionadora esta muestra.

En esta exposición, Gordín gana más con lo que oculta y con lo que se priva de decir que con lo que dice, pues construye espacios propicios ya sea para el ensueño como para la pesadilla de quienes se detienen a observar su obra. La muerte ronda en torno de toda la muestra. La figura humana está representada por una escultura blanca en tamaño natural que pertenece a la serie que el artista denomina «Muertos en situaciones indecorosas». En este caso, el indecoroso y enigmático muerto, tiene en su espalda una antena luminosa que atraviesa su cuerpo de lado a lado, como las que se colocan en los edificios altos para guiar a los aviones en la noche.

También en ese territorio nocturno, se exhibe la serie de historietas creadas y diseñadas por el artista, «Avon Fantasy Reader» o «Terror at Night». La factura de los libros, el minucioso trabajo de marquetería, al igual que la compleja ingeniería de sus paisajes, revelan la habilidad manual de un trabajador obsesivo, que posee la pacienciade un artesano, la habilidadde un científico y talento artístico suficiente como para crear un universo tan atroz como poético.

Pero el Gordín de las primeras muestras en el Centro Cultural Rojas, el narrador, el que con una caja de fósforos y unos pocos elementos más contaba cuentos y creaba suspenso, todavía se puede descubrir, casi como una cita, en el panel de entrada. En una página que parecearrancada de sus sólidos libros profusamente ilustrados con incrustaciones de madera, figura «The Blue Book», el impecable dibujo de una nena sentada en el portal de una librería, en las puertas del mundo de la fantasía y el conocimiento. Es una obra pequeña y perfecta que llama la atención al final del recorrido, pero vale la pena detenerse a mirarla, porque la muestra adquiere así su verdadero sentido.

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