23 de noviembre 2000 - 00:00

"Gracias a un seudónimo pude escapar a la culpa católica"

Gracias a un seudónimo pude escapar a la culpa católica
(22-11-00) Cansada de ser la pudorosa autora de bestsellers histórico-románticos, la norteamericana Barbara Wood se inventó una segunda personalidad que bautizó Katheryn Harvey y que utiliza para escribir novelas fuertemente eróticas, «muy explícitas». Hasta ahora ha mantenido en secreto que esos dos nombres corresponden a la misma persona «para no confundir a los lectores» y «sepan lo que van a leer». Barbara Wood lleva publicadas 15 novelas que se han vendido muy bien en los Estados Unidos, pero aún mejor en Alemania, Austria, Holanda e Hispanoamérica; acaso por eso su nueva novela «Tierra sagrada» se publica antes en esos países que en los de habla inglesa. En «Tierra sagrada» cuenta cómo un terremoto sacuede Los Angeles y descubre vestigios de una antigua civilización india fundada por una mujer. El hallazgo provoca un serie de conflictos entre científicos, periodistas, intereses económicos y derechos de los indios. Dialogamos con Barbara Wood que, además de su constante trabajo de escritora, enseña narrativa en la Universidad de California. Periodista: ¿Cómo pasó de asistente de quirófano a novelista?
Barbara Wood: Fue un cambio lento. Se cree que soy una enfermera que se convirtió en novelista, la verdad es que fui escritora antes de trabajar en un hospital. Escribir era mi hobby desde niña. Trabajé en muchos empleos y siempre continué escribiendo, pero sólo podía hacerlo en mi tiempo libre. Cuando me di cuenta de que tenía una novela que podía publicar (en realidad fue idea de mi esposo), la edité, y se vendió mucho. Pero no dejé el hospital porque tenía un sueldo y no estaba segura de ser una verdadera escritora. Tuve que tener tres novelas editadas, «Domina», que salió en 1983, «Bajo el sol de Kenia» y «Las vírgenes del paraíso», antes de decidirme a dejar el trabajo. El paso fue pensado y gradual.
P.: ¿Qué novelistas le gustaban en sus comienzos?
B.W.: Principalmente escritores de ciencia ficción, aunque nunca he escrito ciencia ficción. Cuando era adolescente sólo leía ciencia ficción. Asimov, Bradbury, Sturgeon, Clarke, entre muchí-simos otros.
P.: ¿Cómo pasó a una narrativa histórico-romántica que no tiene nada que ver con la ciencia ficción?
B.W.: No tengo la menor idea. Cuando se es adolescente una descubre sus gustos de lectura leyendo. Mientras otras chicas leían novelas sentimentales, que a mí no me gustaban para nada, es más, creo que las odiaba, yo elegía la ciencia ficción por la cantidad de desafíos que me ofrecían. Esas novelas me estimulaban, eran plataformas para imaginar. Me encantaba la idea de escribir sobre algo que no ocurrió, que está instalado en el futuro. Las ideas que eso me ofrecía eran maravillosas, era como ser transportada a otro lugar. Ahora escribo novelas históricas que en algún punto tienen un equilibrio entre el pasado y el futuro.
P.: En algún momento, cuando era enfermera, pensar en ser escritora profesional debió parecerle de ciencia ficción...
B.W.: (Ríe) Y lo fue, sobre todo cuando publiqué mis primeras tres novelas. Las veía sobre la mesa y no creía que fueran reales. Esperaba que alguien dijera: un momento, ésta no es una escritora.
P.: ¿Se la puede calificar de hacedora de bestsellers?
B.W.: Siempre que no sea una calificación despectiva, porque también lo sería para mis lectores. Los críticos no suelen ver calidad alguna si un libro vende mucho. ¿Un autor que se vuelve popular deja de estar, por lo tanto, dentro de la literatura?
P.: ¿Cuál considera el género narrativo en que trabaja dado que sus novelas mezclan novela romántica, histórica, denuncia política y thriller judicial?
B.W.: Lo definen como «ficción femenina contemporánea», pero siempre trabajé con elementos históricos. No es para producir un bestseller que pongo un abogado o un político, por tomar el caso de «Tierra sagrada»; se trata, simplemente, de que hoy el movimiento indio en los Estados Unidos es político y necesita de abogados. Por su parte si la protagonista, una antropóloga, es mujer, es porque me representa.
P.: ¿Cuándo escribe se identifica con el personaje protagónico?
B.W.: Sí, siempre. Todos mis personajes, en todos mis libros, están en alguna búsqueda. Creo que la vida es una búsqueda y un viaje. Vivo buscando respuestas y me gusta pensar que uno de estos días voy a escribir un libro y mi personaje, al fin, va a tener respuestas para mis interrogantes.
P.: ¿Cuál es su relación con el cine?
B.W.: Dos de mis novelas se convirtieron en películas en Alemania: «Constantes vitales» y «El sueño de Joanna», y van a hacer el resto.
P.: ¿Por qué en Alemania, siendo una inglesa que pasó toda su vida en los Estados Unidos?
B.W.: Alemania es el país en que mejor se venden mis libros y allí me los pidieron para el cine. Acaso esto tenga que ver con los distintos gustos en literatura. Los americanos leen cosas distintas que el resto del mundo. Mis libros contienen muchos elementos históricos y los americanos no tienden a interesarse tanto en la historia; en cambio, a los europeos le encanta. La novela histórica es un gusto muy europeo.
P.: ¿Decidió calculadamente contar de forma simple historias plenas de aventuras o surgió de su carácter y sus gustos?
B.W.: Nació como algo natural, como si tuviera que contar un sueño. La forma es la que me permite entrar en un mundo donde, gracias a mis personajes, realizo búsquedas, debato cosas en las que creo. Por otra parte, búsqueda y aventura son temas eternos. La gente quiere vivir aventuras y las novelas dan posibilidad de identificarse y ser protagonistas, satisfacen en forma virtual el deseo del lector que piensa «quisiera estar allí». Cuando construyo ese sueño, esos viajes, supongo que otros podrán ir más tarde por ese camino y quiero que sea interesante y entretenido.
P.: ¿Qué piensa de la moda de la literatura de mujeres sobre mujeres, y del nuevo interés por la novela histórica?
B.W.: Me parecen modas maravillosas. De los libros de mujeres que cuentan de mujeres, pienso que ya era hora; durante miles de años los hombres escribieron los libros, la historia. Cuando era adolescente y comencé a leer novelas históricas todas trataban sobre héroes, soldados, aventureros, guerras, y las mujeres eran hijas, esposas, madres, concubinas o vírgenes. No contaban las verdaderas historias de las pasiones dentro de una casa. Cuando era adolescente, si una autora quería tener éxito adoptaba un seudónimo masculino y buscaba no apartarse de la forma masculina de narrar. Hoy estamos contando nuestra historia, es nuestro turno.
P.: Usted también usa para ciertos libros un seudónimo...
B.W.: ¿Tengo que decirlo? Se supone que es un secreto.
P.: ¿Usar dos nombres corresponde a dos personalidades?
B.W.: Bueno, unos libros tienen sexo, y los de Barbara Wood no. Yo cierro las puertas de los dormitorios. Mis lectores saben esto, y no quería sorprenderlos con escenas eróticas. Por eso cuando me senté a escribir «Mariposas», una novela con sexo y erotismo, fue muy difícil, no me sentía yo misma, a veces me detenía por vergüenza de lo que estaba contando. Supongo que es la culpa católica que me viene de la infancia. Ante estos problemas, mi agente literario me dijo que si usaba otro nombre nadie iba a saber que era yo, y que esa otra podía ser más deslenguada. Fue así que creé a Kathryn Harvey. (Harvey es un homenaje, es el apellido de mi agente). Funcionó, apenas cambié de nombre enfrente la computadora y me dije: esto es divertido y muy agradable, además, no soy yo la que escribe sino esa otra que es muy liberada.
P.: Asumió esa doble personalidad para no desconcertar a sus lectores...
B.W.: Ese fue el propósito. Cuando el lector ve el nombre del autor en la tapa de un libro tiene asociaciones inmediatas, sabe que va a leer un tipo de historia con un determinado modo de contarla. No soy ni la primera ni la última persona que usa un seudónimo para escribir cosas distintas, porque no quiere confundir a sus lectores. Mis lectores saben que los libros de Barbara Wood se los pueden regalar a la madre o la hija sin preocuparse, en cambio con los de Kathryn Harvey tienen que tener mas cuidado.
P.: ¿Es «la culpa católica» la que la lleva a censurarse en los libros de Barbara Wood?
B.W.: No, no, no. Es que en «Mariposas» de Kathryn Harvey hay escenas de sexo explícito porque trata de un burdel. En tanto que en las novelas de Barbara Wood todo está siempre sugerido y ése es el punto. Kathryn Harvey es una mujer que muestra que le interesa el sexo todo el tiempo, en cambio Barbara acaso cuando sea vieja se atreva a confesar algo de eso.
P.: ¿Cómo desarrolla la parte histórica en sus libros?
B.W.: Me documento. Es un trabajo tremendo, pero me encanta. Investigo meses antes de ponerme a escribir.
P.: ¿Cuánto le lleva escribir una novela?
B.W.:
Cambia de libro en libro. En algunos, trabajo durante años mientras escribo otros más rápido. Para «Tierra sagrada» investigué dos años, y lo escribí en ocho meses. Escribo por la mañana, desde muy temprano, pero no en forma sistemática sino según lo que me dicte mi cerebro y la cantidad de café que haya tomado. A veces, soy muy metódica y otras, muy dispersa, pero la novela termina escrita.
P.: Dicta un curso de en la Universidad de California sobre cómo escribir una novela, y tiene un aula virtual y un sitio para narradores en Internet, ¿qué es lo primero que enseña?
B.W.: (Ríe) Que nunca se tiene una segunda oportunidad de dar una buena primera impresión.

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