Daniel Suárez Marzal suprimió versos y adaptó el lenguaje a un castellano neutro; su puesta
es de gran refinamiento, aun cuando la pareja protagónica no convence del todo.
«El perro del hortelano» de Lope de Vega. Versión y Dir.: Daniel Suárez Marzal. Int.: S. Guida, R. Mosca, J. Lorenzo, P. Brunetti, D. Ocampo, P. Messiez y elenco. Ilum.: N.Trovato. Vest.: M. Zuccheri. Esc.: H. Pigozzi. (Teatro de la Ribera.)
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Diana, Condesa de Belflor, coquetea con sus nobles pretendientes sin decidirse por ninguno. Los enredos comienzan cuando percibe que su apuesto secretario Teodoro le hace la corte a Marcela, una de sus criadas. Acostumbrada a mandar y a recibir todo tipo de halagos, la condesa sufre un ataque de celos y hace todo lo posible para separar a los dos enamorados, insinuándole a Teodoro su interés por él. Pero, como su honor le impide vincularse con alguien de inferior condición, somete a su secretario a un constante «sí pero no» que termina trastornando a todo el mundo.
Como lo indica el refrán: «El perro del hortelano ni come las berzas (repollos) ni las deja comer al amo»; si bien la condesa prefiere hacer suya otra máxima que tomó prestada de Ovidio, que indica que los «celos preceden al amor». Como es habitual en las comedias de Lope de Vega el ingenio lo puede todo: desde burlar los prejuicios de clase y el código de honor hasta convertir un engaño en «mentira piadosa» para contento de todo el mundo. La eficacia de esta comedia amorosa, escrita en 1612, sigue siendo imbatible. Su entramado de simulaciones, romances, conspiraciones siniestras y arrebatos eróticos, la han convertido con toda justicia en paradigma del género.
El lenguaje de Lope resplandece de ingenio, divierte con sus picardías, conmueve en los episodios románticos; pero también requiere de un oído «musical» que pueda decodificar tanto parlamento en verso mientras disfruta de su cadencia sonora. Y como el público porteño está muy poco habituado a escuchar, el director Daniel Suárez Marzal decidió subsanar estas dificultades suprimiendo algunos versos y adaptando el lenguaje de la obra a un castellano neutro.
Su adaptación es impecable: la obra mantiene su burbujeante intriga sin desvirtuar el texto original y haciéndolo más comprensible. Como él mismo lo señala en el programa de mano: «Woody Allen hubiera firmado con gusto esta comedia desopilante». Y a decir verdad no exagera, tal es la vigencia y universalidad de este genio del Siglo de Oro Español.
Suárez Marzal es un puestista de gran refinamiento, que concibe el teatro como una obra de arte integral. Ejemplo de ello son sus recordadas versiones de «Happy End» y «La ópera de dos centavos» de Brecht-Weill y de la Trilogía del veraneo de Goldoni (todas ellas estrenadas en distintos escenarios del Teatro San Martín). Como «El perro del hortelano» transcurre en Nápoles el director aprovechó este dato para introducir algunas bellísimas canciones del barroco napolitano, interpretadas por casi todo el elenco.
El vestuario de Mini Zuccheri y la escenografía de Horacio Pigozzi ofrecen una admirable síntesis de rasgos de época trabajada desde una óptica contemporánea.
En cuanto a los actuaciones, el criterio ya es más discutible, al menos en lo que respecta a los roles principales. Sandra Guida es una intérprete muy completa y de gran sensualidad -qué duda cabe- pero el rol de Diana (la condesita astuta y veleidosa que se ve encorsetada por los valores de su clase) no logra amalgamarse con su perfil artístico. A su lado Pablo Brunetti luce demasiado joven e inexperto en el rol de Teodoro. Aún así, ambos se las ingenian para ponerle sex appeal a este juego de seducción. Javier Lorenzo (Tristán) es quien se roba casi todos los aplausos. El actor compone a un sirviente tramposo y comedido que arranca carcajadas con su actitud bufonesca. También es muy destacable la actuación de Dolores Ocampo (Marcela) y la breve pero notoria participación del actor Roberto Mosca (Conde Ludovico). El resto del elenco cumple su labor con gran frescura y entusiasmo garantizando así el buen ritmo de este espectáculo.
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