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3 de mayo 2006 - 00:00

Intimidades de un clan femenino

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Angela Pradelli «Amigas mías» (Bs. as., Emecé, 2006, 219 págs.)

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El tono intimista con que Angela Pradelli narra estas pequeñas historias de un grupo de amigas que se conocen desde su más tierna infancia, genera una inmediata complicidad con el lector (y más aún entre las mujeres).

La reedición de «Amigas mías» (Premio Emecé 2002) se produce tras el lanzamiento de «El lugar del padre», su obra más lograda hasta el momento. Allí Pradelli describe, con delicada contención, las maniobras de un vecino (amigo de su padre) al que la narradora observa por su ventana, abocado a la tala de un inmenso paraíso. Esa imagen, disparadora de múltiples asociaciones, le permitía evocar a la protagonista el silencioso vínculo que había establecido con su progenitor tras la temprana muerte de su madre. Pradelli estructura sus novelas como una sumatoria de relatos independientes, enriquecidos con anécdotas de infancia y estampas de barrio (todas ellas trabajadas con precisión minimalista) que logran definir un universo muy cercano y reconocible.

Las amigas del título se conocen desde muy chicas, han compartido estudios y miles de travesuras. Su lealtad y camaradería son indestructibles.

Juntas han afrontado todo tipo de avatares: partos, enfermedades, muertes, divorcios, infidelidades conyugales y depresiones varias; es por eso que cada 30 de diciembre, sin excepción, se reúnen a celebrar esta amistad imperecedera.

La cotidianeidad de estas mujeres está teñida por su pasado (y también por sus frustraciones, sueños y expectativas). Todos estos temas emergen muy sutilmente desde distintos puntos de vista (el de la narradora y el de cada personaje) y dejan entrever que detrás de cada conflicto «femenino» hay escondido un enigma existencial.

El interés de estas historias reside básicamente en la vitalidad de estas mujeres que han sido capturadas «al vuelo» en episodios fugaces en los que no falta el humor, la emoción y buenas dosis de ironía.

Los demás personajes (el gordito Walter, la profesora de piano y otros seres que pululan por el barrio y la escuela) resultan menos interesantes en tanto criaturas literarias, ya que no logran transmitir el mismo grado de autenticidad que caracteriza a este clan de mujeres.

Patricia Espinosa

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