23 de febrero 2001 - 00:00

Jess Roth: "Ashman es un genio del musical"

Robert Jess Roth.
Robert Jess Roth.
El director norteamericano Robert Jess Roth está ajustando los últimos detalles técnicos de «La tiendita del horror», otra famosa comedia musical de Howard Ashman y Alan Menken (los mismos de «La bella y la bestia») que se estrenará el próximo 7 de marzo en el Teatro Broadway. Roth vino acompañado por su equipo de siempre (el coreógrafo Matt West y el escenógrafo Stanley Meyer) y, luego de seis semanas de ensayo, se muestra más que complacido con el desempeño del elenco, integrado por Diego Ramos, Sandra Ballesteros, Humberto Tortonese y Omar Pini.


La primera versión musical de «La tiendita del horror» se estrenó en Broadway, en 1982. Basada en un film de Roger Corman de los años '60, la obra se convirtió en objeto de culto, pero recién alcanzó fama mundial con la remake de Frank Oz, de 1986. El nuevo film, además de incluir elementos propios de la comedia musical, debió agregarle un «happy end» a la historia por presión de los productores. Las pruebas con público indicaban que nadie vería con buenos ojos la descontrolada voracidad de Audrey II (una planta carnívora que crece en escena hasta alcanzar los ocho metros de altura) y que en la versión original no respetaba ni siquiera a la parejita protagónica. Robert Jess Roth conversó con este diario de éstos y otros igualmente atractivos detalles de la obra.

Periodista: ¿Coincide con que la planta es la verdadera estrella del espectáculo?


Robert Jess Roth:
En cierto sentido lo es. Porque uno la ve desde muy pequeña hasta que se convierte en una planta gigantesca que conquista al mundo. Pero, en realidad, los personajes principales son Seymour y Audrey, una joven pareja que se enamora en el lugar más inesperado de todos.

P.: ¿Qué condiciones debía tener cada actor para responder al perfil de los personajes?


R.J.R.: En las audiciones buscamos actores con estilo, pero que trabajaran su personaje con honestidad, ya que se trata de gente real que está atravesando una situación muy extrema. No es algo común que una planta del espacio exterior se instale en una florería. En cuanto a los personajes, Audrey es una chica muy dulce y de gran corazón, pero que por diversas circunstancias arrastra un pasado oscuro. Seymour es un soñador que encuentra en la planta el medio ideal para alcanzar sus sueños. Después, está Muchnik, el dueño de la tienda, que es el malo de la historia.

Es codicioso y explota a Seymour, pero también es muy gracioso. Orin Scrivello, el novio motociclista de Audrey, tiene un secreto que el público descubre a lo largo del show y que tiene que ver con el sadismo. Además de Audrey II, la planta carnívora que maneja un titiritero, aparecen tres chicas que funcionan como coro griego. Son casi delincuentes juveniles que dejaron el colegio y siempre andan por la calle. Ellas narran y comentan la acción, todo en un estilo muy de los '50 y '60, se parecen a las «Supremes», por ejemplo.

P.: Por la gente que han elegido, parecería una obra más para actores que para cantantes y bailarines.


R.J.R.:
Sí, en este caso la actuación era lo más importante. Sólo las tres chicas tienen mucha coreografía, los demás no bailan tanto, hacen movimientos. El canto es bastante importante, pero lo central es la historia que se cuenta y eso corresponde a la actuación.

P.: ¿La elección del elenco fue decisión del productor Alejandro Romay?


R.J.R.:
El señor Romay sugirió varios nombres. Hubo una preaudición antes de que nosotros llegáramos. Una vez aquí, nos sentamos con él en todas las audiciones y juntos tomamos las decisiones finales.

P.: ¿Cómo le suena la obra en español?


R.J.R.:
Después de escuchar «La bella y la bestia» en japonés y en alemán, esta obra me suena bellísima en español. Es un idioma muy melódico, y entonces las canciones suenan muy bien. Una de las cosas que aprendimos haciendo «La bella y la bestia», aquí y en todo el mundo, es que las emociones trascienden la barrera idiomática. El amor y el humor llegan a los públicos de todo el mundo. Nosotros no conocemos su idioma, pero vemos las pasadas y nos reímos igual. Estamos trabajando con muy buenos comediantes. Los cuatro protagonistas son muy, muy graciosos, y eso es algo que trasciende el lenguaje. Ellos me hacen reír, aunque yo no entienda puntualmente cada palabra que dicen.

P.: ¿Esta versión es la misma que se estrenó en Broadway en el '82?


R.J.R.:
No, es totalmente diferente. Esta puesta fue creada para la Argentina. El diseño escenográfico y lumínico es sólo para este teatro, que tiene un escenario muy ancho y de poca altura. Además, usamos mucha tecnología de iluminación que en los '80 no existía. El diseño de vestuario es argentino; la realización de Audrey II y la escenografía también fueron hechas acá.

P.: ¿Y el guión?

R.J.R.: El guión es el mismo. Cuando me pidieron que dirigiera esta obra, respondí que sólo la haría si la traducción era fiel al texto de Ashman, un genio del teatro musical que lamentablemente murió hace unos años de sida. Nosotros nos ocupamos de que esta versión fuera extremadamente fiel a su obra.

P.: ¿En qué difiere el musical de la película de Oz?


R.J.R.:
El final de la película es totalmente diferente, pero no voy a contar ahora cómo termina el show. En mi opinión, francamente, esto es mucho mejor que la película.

P.: ¿Por qué?


R.J.R.:
Porque el final es mejor. Pero no viene al caso hablar de la película porque la vi una sola vez y no me interesó. Yo siempre fui un fanático de la obra, crecí amando este show. Además, es una experiencia viva incomparable. El público tiene a los actores ahí en vivo y a una planta creciendo delante de su cara.

P.: Usted dijo recientemente que se trata de una loca historia de amor.


R.J.R.:
Así es, y de que uno puede encontrar amor en los lugares más insólitos y en las circunstancias más inusuales.

P.: Pero la historia habla también de la ambición desmedida. Además, la relación entre Seymour y la planta se parece mucho al pacto de Fausto con el diablo.


R.J.R.:
Sí, pero en este caso el pacto con la planta es para ganarse el amor de una mujer, porque el protagonista cree que de otra forma no la puede conseguir. Entonces, es una historia de amor, algo inusual, pero historia de amor al fin.

P.: ¿Cuánto de horror hay en esa tiendita?


R.J.R.:
¡No! No hay horror, todo es muy rock and roll. Es una comedia muy divertida y liviana. Como una película clase B de ciencia ficción. La voz de la planta, por ejemplo, es como la de James Brown.

P.: Entonces, no se trata de un Hannibal Lecter vegetal...


(En medio de la explosión de risas del director y de todo su equipo, esta vez el que responde es el escenógrafo.)

Stanley Meyer:
¡No! Nada de Hannibal Lecter. ¡Ese va a ser nuestro próximo show!

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