23 de febrero 2001 - 00:00
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Robert Jess Roth.
Periodista: ¿Coincide con que la planta es la verdadera estrella del espectáculo?
Robert Jess Roth: En cierto sentido lo es. Porque uno la ve desde muy pequeña hasta que se convierte en una planta gigantesca que conquista al mundo. Pero, en realidad, los personajes principales son Seymour y Audrey, una joven pareja que se enamora en el lugar más inesperado de todos.
P.: ¿Qué condiciones debía tener cada actor para responder al perfil de los personajes?
P.: Por la gente que han elegido, parecería una obra más para actores que para cantantes y bailarines.
R.J.R.: Sí, en este caso la actuación era lo más importante. Sólo las tres chicas tienen mucha coreografía, los demás no bailan tanto, hacen movimientos. El canto es bastante importante, pero lo central es la historia que se cuenta y eso corresponde a la actuación.
P.: ¿La elección del elenco fue decisión del productor Alejandro Romay?
R.J.R.: El señor Romay sugirió varios nombres. Hubo una preaudición antes de que nosotros llegáramos. Una vez aquí, nos sentamos con él en todas las audiciones y juntos tomamos las decisiones finales.
P.: ¿Cómo le suena la obra en español?
R.J.R.: Después de escuchar «La bella y la bestia» en japonés y en alemán, esta obra me suena bellísima en español. Es un idioma muy melódico, y entonces las canciones suenan muy bien. Una de las cosas que aprendimos haciendo «La bella y la bestia», aquí y en todo el mundo, es que las emociones trascienden la barrera idiomática. El amor y el humor llegan a los públicos de todo el mundo. Nosotros no conocemos su idioma, pero vemos las pasadas y nos reímos igual. Estamos trabajando con muy buenos comediantes. Los cuatro protagonistas son muy, muy graciosos, y eso es algo que trasciende el lenguaje. Ellos me hacen reír, aunque yo no entienda puntualmente cada palabra que dicen.
P.: ¿Esta versión es la misma que se estrenó en Broadway en el '82?
R.J.R.: No, es totalmente diferente. Esta puesta fue creada para la Argentina. El diseño escenográfico y lumínico es sólo para este teatro, que tiene un escenario muy ancho y de poca altura. Además, usamos mucha tecnología de iluminación que en los '80 no existía. El diseño de vestuario es argentino; la realización de Audrey II y la escenografía también fueron hechas acá.
P.: ¿Y el guión?
P.: ¿En qué difiere el musical de la película de Oz?
R.J.R.: El final de la película es totalmente diferente, pero no voy a contar ahora cómo termina el show. En mi opinión, francamente, esto es mucho mejor que la película.
P.: ¿Por qué?
R.J.R.: Porque el final es mejor. Pero no viene al caso hablar de la película porque la vi una sola vez y no me interesó. Yo siempre fui un fanático de la obra, crecí amando este show. Además, es una experiencia viva incomparable. El público tiene a los actores ahí en vivo y a una planta creciendo delante de su cara.
P.: Usted dijo recientemente que se trata de una loca historia de amor.
R.J.R.: Así es, y de que uno puede encontrar amor en los lugares más insólitos y en las circunstancias más inusuales.
P.: Pero la historia habla también de la ambición desmedida. Además, la relación entre Seymour y la planta se parece mucho al pacto de Fausto con el diablo.
R.J.R.: Sí, pero en este caso el pacto con la planta es para ganarse el amor de una mujer, porque el protagonista cree que de otra forma no la puede conseguir. Entonces, es una historia de amor, algo inusual, pero historia de amor al fin.
P.: ¿Cuánto de horror hay en esa tiendita?
R.J.R.: ¡No! No hay horror, todo es muy rock and roll. Es una comedia muy divertida y liviana. Como una película clase B de ciencia ficción. La voz de la planta, por ejemplo, es como la de James Brown.
P.: Entonces, no se trata de un Hannibal Lecter vegetal...
Stanley Meyer: ¡No! Nada de Hannibal Lecter. ¡Ese va a ser nuestro próximo show!




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