25 de julio 2008 - 00:00
Juan Gris, centro de la valiosa muestra "Cubismo y sus entornos"
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A la izquierda, una de las 11 pinturas de Juan Gris que alberga "El cubismo y sus entornos en las colecciones de Telefónica"; al lado, obra de Natalia Gontcharova, pionera del cubismo en Rusia.
«Arlequín» (1918), tema ya tratado por el artista en el que acentúa la geometrización, «La Cantante» (1925), a la que el artista calificó como pompeyana por su espíritu clásico, por la gama rojiza del vestido y a la que Christopher Green señala como «un compromiso entre el cubismo y un conciliador naturalismo sensorial». Una obra de carácter melancólico como el momento que vivía el artista.
Otro de los núcleos, « Cubismo y Cubismos», se centra en aspectos fundamentales de este movimiento y en lo que se ha dado en llamar cubo-futurismo, la creatividad de género y las divergencias en torno a la identidad del cubismo en los años de la Primera Guerra Mundial. Destacamos «Retrato de Jean Cocteau» (1916), de Albert Gleizes, en el que aparece ataviado con uniforme militar, tema que tiene como fondo el papel victorioso de Francia y en el que aparece el futurismo italiano, dos corrientes que se hermanaron, aunque efímeramente, contra el enemigo común. «Paisaje de Bermudas» (1917), tambien de Gleizes, es un paisaje transparente, con varios ejes verticales, división del plano en varios sectores con cierta influencia de Cézanne.
Entre las artistas mujeres que figuran en esta colección se imponen Alexandra Alexandrovna Exter (Ucrania) y Natalia Gontcharova (Rusia), representantes de la vanguardia rusa anterior a la revolución. La primera viajaba frecuentemente a Europa y traía fotos de las obras de los vanguardistas mientras que la segunda era más nacionalista en sus planteos.
Exter, exuberante en el color como puede verse en «Bodegón con libros y frutero» (1914), combina el cubismo con el dinamismo del futurismo italiano, influenciada por su contacto con los artistas, entre ellos, Marinetti. Nace así el «cubofuturismo», término que ingresa en el léxico artístico ruso.
«La Ropa Blanca» (1912), de Gontcharova, pionera del cubismo en Rusia, también forma parte de la corriente mencionada. Una composición de carácter autobiográfico, una plancha, puños y cuellos de encaje, camisa de hombre doblada, una evocación doméstica pero en clave dinámica, curvas en su parte inferior que contrastan con las rectas de los objetos. «Geografías de lo Moderno», el tercer grupo, se integra con obras que, según apunta Carmona, «recorren el nuevo clasicismo, la abstracción, el estructuralismo sígnico y la subjetividad moderna vinculada a los dones del instinto». Aquí se reúnen Xul Solar, Torres García, Barradas, Do Rego Monteiro, Peinado. Hay nombres clave: Jean Metzinger, Louis Marcoussis, André Lhote, cuyo taller parisiense fue una suerte de Meca para muchos de nuestros artistas: Manuel Angeles Ortiz, María Blanchard, Auguste Herbin, Celso Lagar, Georges Valmier , Daniel Vázquez Díaz.
En 1908, Matisse como jurado del Salón de Otoño dice que «Braque hace pequeños cubos». Se comienza a emplear para describir los experimentos de Braque y Picasso, inseparables durante seis famosos años, de 1908 a 1914.
La pintura cubista se revela constantemente, es cambiante y sorprendente todo el tiempo, su sentido de destrucción, el comenzar desde cero. La gran aventura cubista, desinhibida, libre pensadora, como se la ha calificado, terminó como tal a comienzos de la Primera Guerra Mundial, pero su influencia y sus derivaciones se extendieron marcando a generaciones de artistas.
Es muy recomendable leer los textos del excelente catálogo correspondientes a Irma Arestizábal, Diana Wechsler, Simón Marchán Fiz y Eugenio Carmona para una mejor comprensión de este movimiento que cumple 100 años. Clausura el 14 de septiembre.



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