Jorge Asís
considera que su
polémico libro
tiene una
constante
actualización a
través de nuevos
textos en su portal
de internet.
A los pocos días de llegar a las librerías el nuevo libro de Jorge Asís, «La marroquinería política, Desastres seriales de un gobierno trivial», ingresó a la lista de los más vendidos, y llegó a liderarla. «La marroquinería política» es una antología de los textos críticos de la política argentina actual que inicialmente difundió desde su portal en Internet. En eso textos el autor de «Flores robadas en los jardines de Quilmes», con la ironía que le ha dado fama, suma diversas voces -entre otras, la propia, la de su clásico heterónimo el periodista Oberdán Rocamora- y los más diversos géneros, va de la crónica a la greguería y de la epístola a la alegoría, para ofrecer de forma punzante su visión de la política actual.
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A los pocos días de llegar a las librerías el nuevo libro de Jorge Asís, «La marroquinería política, Desastres seriales de un gobierno trivial», ingresó a la lista de los más vendidos, y llegó a liderarla. «La marroquinería política» es una antología de los textos críticos de la política argentina actual que inicialmente difundió desde su portal en internet. En eso textos el autor de «Flores robadas en los jardines de Quilmes», con la ironía que le ha dado fama, suma diversas voces -entre otras, la propia, la de su clásico heterónimo el periodista Oberdán Rocamora- y los más diversos géneros, va de la crónica a la greguería y de la epístola a la alegoría, para ofrecer de forma punzante su visión de la política actual.
Periodista: «Kirchner lo volvió a hacer best seller», se afirma en su portal.
Jorge Asís: Eso está en una página donde Oberdán Rocamora dice que «uno de los grandes méritos de Kirchner, no seguramente el único, es haberme hecho regresar a las listas de best seller después de 24 años». Resulta sintomático en este momento de tanto índice positivo de popularidad del presidente, donde la discusión pasa por si va a ser él o va a ser ella, que sea tan leído un libro que dice que éste es un gobierno desastroso, trivial, que alude a ceremonias explícitas de corrupción.
P.: ¿Cómo surgió la idea de hacer en internet un portal para difundir sus ideas?
J.A.: Por mi debilidad práctica que transformé en fuerza. Yo tenía presencia oral, mediática. Era más interesante mi palabra pronunciada que mi palabra escrita. Comencé en marzo de 2005 con un sitio en internet, y me sorprendía el forwardeo. Después lo transforme en el portal y llego a 25 mil entradas. Cada nota mía que sale llega a 12 mil suscriptos, que son periodistas, asesores, empresarios, comunicadores. Ahí ya estamos hablando, en términos de poder, de liderazgo conceptual. Me fui dando cuenta que estaba haciendo un medio de comunicación. Y, simultáneamente, como escritor que estaba escribiendo una novela inmediata tratando de interpretar un momento histórico.
P.: ¿Lo considera una forma de literatura?
J.A.: Es la literatura que yo pude y quise hacer. Desde que comencé, hago una mezcla de literatura y política. Como intelectual puedo plantear el problema; como político, si soy político, instrumentar el camino de las soluciones. Tratar de interpretar lo que ocurre en un momento en que se asiste a especie de ficción de interpretación progresista de la actualidad, con muy poco me dejan el espacio del malditismo, del provocador. Y esto genera fenómenos que tienen que ver con mi historia, con mis 22 libros publicados. Este es un momento muy confuso y escribir desde el presente es una apuesta, sobre todo cuando muchos piensan que hay que macerar las ideas. No es así, la Argentina no está para eso. La Argentina cambia en cualquier momento las reglas de juego. Ya habrá tiempo para contar otras historias.
P.: ¿Por qué utiliza heterónimos?
J.A.: Contestar sería revelar los trucos de magia. Es un juego que está marcado por una cierta esquizofrenia admisible. Son personas diferenciadas que se complementan. El juego de las heteronímias tiene que ver con la vocación democrática. Y porque estoy terriblemente confrontado, totalmente opuesto, con todas las otras interpretaciones. La Argentina está, para mí, para el Arca de Noé, la Moncloa o la reconciliación nacional, que es lo que creí en los '90.
P.: ¿Cómo su portal llega a convertirse en libro?
J.A.: Una persona de editorial Planeta me dice que quieren publicar un libro políticamente incorrecto, y piensan que el único que puede escribirlo soy yo. Inmediatamente nos ponemos de acuerdo porque,les digo, el libro ya está escrito. Ahora ya estamos llegando a la cuarta edición, y en la presentación que hice en el hotel Alvear quedaron 400 personas afuera. Pero no ha salido hasta ahora ni un sólo comentario. Recuerdo que la primer critica a «Flores robadas», que apareció en el diario «Convicción», se tituló «Jorge Asís irrumpe con violencia en un contexto vacilante», 26 años después se puede repetir ese titulo, pero no tanto por la virulencia de mi razonamiento como por lo vacilante del contexto.
P.: ¿Sospechó que su libro sería best seller?
J.A.: Sinceramente percibí que el libro iba a funcionar porque esta sociedad se cansó de Kirchner, está harta del mal trato, de la impostura, del simulacro. El kirchnerismo en el fondo es un sistema recaudatorio de acumulación que produce un simulacro de transformación y de revolución. Y la única renovación es la permanencia en un marco de degradación.
P.: ¿Es lo que usted denomina la marroquinería?
J.A.: La marroquinería es la caja, y acá existe la dictadura de la caja. Acá cualquiera para ser un candidato a tomar en cuenta se dice: tiene caja. Para hacer política hay que tener caja. Nadie pregunta: ¿cómo se hizo esa caja? Después todos hablamos de moralidad y de honestidad. Kirchner, en esto, es la perfección. Yo digo que Kirchner tiene algo de Juan D'Arienzo, que en su declinación utilizaba frescos jóvenes para demostrar que la vejez persistía. Tenía cantantes de tango cada vez más chicos, que cantaban con ese clasicísmo de él. Kirchner utiliza una retórica renovadora para la implementación de la política más vieja, degradante en un contexto de declinación notoria de la Argentina y un aislacionismo imperdonable.
P.: En muchos de sus textos hace prospectiva
J.A.: En febrero Rocamora en el artículo «Perder en La Haya», dice allí vamos a perder 12 a 3, cuando sale que perdemos 14 a 1 en eso se equivocó, pero había que ponerlo tanto tiempo antes. Luego, claro, los profetas del día después dicen «era previsible, estaba escrito». Son los que sabían que De la Rúa no estaba preparado para ser presidente, los que se anexan a degradar aquello que pasó. Es, en definitiva, de lo que hablo en el capítulo de «El mito de la sociedad siempre inocente».
P.: ¿Cómo se siente interpretando los datos que a diario le ofrece la realidad?
J.A.: Duele escribir sobre la preparación de una decepcióntan evidente, tan notoria. Cuando yo era mas bien critico del proceso militar, quedo casi neutro por la virulencia que viene después cuando se puede escribir. Temo que en algún momento me acusen de colaboracionista del kirchnerismo porque, cuando mas o menos este hombre pierda el control de algunas cosas, lo van a querer masacrar, y cosas mías que hoy aparentemente tienen virulencia van a quedar casi como neutras, y van a surgir muchos de los que están alrededor aprovechándose, alabándolo, suplicándole la permanencia y la reelección. Lo van a dejar como los dejaron a todos los que pasaron por el poder.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
J.A.: Un artículo sobre «El método del puente» y es un homenaje a Carlos Gorostiza. Gorostiza es una especie de maestro de la construcción del kirchnerismo, sobre todo a partir de su obra «El puente». ¿Cómo destruye Kirchner el poder de Duhalde y lo deja en el spa mirando por televisión los devenires? Arregla con los intendentes. Los planes con los municipios sirven para dejar a los gobernadores de costado. Y los gobernadores están como si estuvieran en Roland Garros viendo como pasan los ladrillos y alguna marroquinería. Ahora hubo una reunión con los concejales, ahora viene el puenteo a los intendentes, y esto va a seguir hasta a los celadores de los secundarios. Es una cosa ficcional que llamaré «Construir la destrucción».
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