22 de noviembre 2000 - 00:00
La adolescencia bien captada
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(23-11-00) El calificado aunque algo irregular libretista Joe Eszterhas («FIST», «Traicionados», «Bajos instintos», pero también «Jade», «Showgirls», etc.) hizo para esta película uno de sus trabajos más señalables. A primera vista, nada del otro mundo, apenas algo menor y bastante correcto, pero, en sustancia, un buen dibujo de los problemas de la adolescencia, un guiño levemente burlón y comprensivo sobre el ser nacional, y un pie para la nostalgia o la mitificación, que el joven director Guy Ferland («La niñera») aprovecha debidamente.
De hecho, cualquiera que esté pasando o haya pasado por la edad del ganso sabrá apreciar el modo en que acá se exponen esas situaciones de ilusión, indecisión, torpezas, apariencias y miedo a los papelones, que jalonan la existencia de cualquier chico, y también todo eso de la imitación de un modelo. Para el caso, el modelo -como lo advertimos al comienzo del propio film-en el fondo es un pobre infeliz, que puede repetirse de generación en generación y que siempre ha de parecer único. El más piola, el más canchero, el de más calle. Esa clase de sujeto comprador y dañino que sin embargo cada tanto hace algo bueno.
Kevin Bacon encarna este arquetipo con apreciable naturalidad y otro tanto procuran Brad Renfro y Calista Flockhart con los suyos. Pero no sólo se pintan arquetipos. En el fondo, al final, y en el propio título (literalmente, «Diciendo mentiras en América») esas figuras remiten a la construcción coti-diana de una determinada sociedad y una ilusión.


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