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4 de junio 2008 - 00:00

"La cuestión humana"

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Hasta sus primeros 50 minutos, el tema de «La cuestión humana» atrapa, lástima que el estilo del director sea lento, estirado, lleno de diálogos artificiosos y con agregados innecesarios.
«La cuestión humana» (La question humaine, Francia, 2007, habl. en francés). Dir.: N. Klotz. Guión: N. Klotz, E. Perceval, sobre novela de F. Emmanuel. Int.: M. Amalric, M. Lonsdale, E. Scob, L. Castel, J.P. Kalfon, V. Dreville.

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Interesa el planteo inicial. A cargo de Recursos Humanos de una gran empresa, un psicólogo con cara de sapito dispuesto a saltar sin miramientos sobre su víctima, atento a la optimización del trabajo mediante la eliminación de los improductivos e irregulares, debe poner su mira en un blanco inesperado: el propio director general de la compañía, cuyo estado mental parece algo en declive.

El director, que todavía es bastante grandote de tamaño, ya está bastante grande, de edad, y cada vez más seguido lo aquejan inoportunos raptos de

tristeza, que aparentemente nada tienen que ver con la empresa, sino con algunos viejos dolores personales. Quizás, el recuerdo de cuando alguna vez quiso ser un gran hombre, incluso un gran músico. Hay también otro recuerdo, aún más doloroso, el de un niño que creía que su padre era un gran hombre. El asunto se entremezcla con otros afines al pasado de la gente y a la organización de la empresa, filial francesa de una matriz alemana. Sin anticipar mucho, digamos que, en cierto punto, surgen curiosas similitudes de vocabulario entre los viejos informes de un SS y los de un técnico del eficientismo actual (por ejemplo, las palabras «piezas» o «unidades» en reemplazo de otras más concretas). En suma, y hasta ahí, un planteo atractivo, algo novelesco, y que además propone válidas reflexiones sobre la sociedad actual (y elude otras, por ejemplo, por qué a los franceses todavía les resulta más fácil y «políticamente correcto» hacer asociaciones con la Shoah, y no con la OAS, que les compete más de cerca).

La película tiene un buen elenco: el ascendente Matthieu Amalric, los veteranos Michael Lonsdale, modelo de gigante cansado, Edith Scob, Jean-Pierre Kalfon y Lou Castel, y algunas chicas flacas, a modo de secretarias y afines. Lástima que el estilo del director sea tan lento, estirado, lleno de diálogos literarios recitados artificiosamentey de agregados innecesarios,como unas extensas escenas de raves, o de un tipo que canta pésimamente una canción entera, seguido de otro que también canta pésimamente otra canción entera (todo para mostrar el aburrimiento del protagonista).

A los cincuenta minutos de iniciado el film, cuando uno ya empieza a moverse en el asiento, el viejo empresario le dice al psicólogo que quiere contarlealgo que lo angustia. El otro, que vive solo y está para escucharlo, responde inexplicablemente que justo en ese momento debe irse a atender unos problemas familiares. Y la película sigue todavía una hora y media más, mientras el espectador maldice al psicólogo por el incumplimiento de su profesión. En fin. Dicen que la novela original de François Emmanuel, definida «recit» por el mismo autor, es más corta.

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