Bryce Dallas
Howard y Paul
Giamatti, dos
buenos actores,
desperdiciados
en «La dama en
el agua», de M.
Night
Shyamalan.
«La dama en el agua» («Lady In The Water», EE.UU., 2006; habl. en inglés). Dir.: M. Night Shyamalan. Int.: P. Giamatti, B. D. Howard, B. Balaban, J. Wright y otros.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
"La dama en el agua" es un desafío a la tolerancia de cualquier espectador. La pasmosa acumulación de tonterías que acomete este nuevo film de M. Night Shyamalan, sí, el mismo de «Sexto sentido», no ha de tener quizá punto de referencia que lo iguale (aunque la memoria suele condolerse con olvidos piadosos).
A diferencia de casi toda la obra de su director y guionista, en «La dama del agua» no hay final sorpresivo. La única sorpresa es cómo se llegó a producir esta película que relata la triste historia de un portero que se encuentra una náyade en la pileta de natación.
El hombre, cuyas especialidades son las de cualquier portero (cambiar lamparitas, desinfectar inodoros y sótanos, tapar goteras, etc.), no sabe qué hacer con Story, tal el nombre de la degradada náyade. En la antigüedad clásica, las náyades eran ninfas que residían en ríos y fuentes; la pobre Story, descendiente de esa Arcadia, no encuentra más refugio que una pileta de mala muerte en un vulgar condominio de Filadelfia, y su único salvador no es un príncipe azul sino un portero con barriga. Y encima tartamudo. Malos tiempos para la mitología.
Sin embargo, hasta aquí la película es coherente. Los problemas empiezan cuando aparece el «Scrunt», una especie de lobizón ecológico y gruñón que persia dama en el agua" es un desafío a la tolerangue a la ninfa y le muerde las pantorrillas (luego sabremos que no es por tímido que el Scrunt no la devora de una buena vez). Story desespera; tiene que regresar a su hábitat, que es el Mundo Azul, pero sólo va a poder irse de Filadelfia si es capaz de cumplir con su misión: iluminar a un hombre.
Aquí entra a jugar el portero su papel heroico; para ayudarla en su tarea, él tiene que reclutar, entre los inquilinos, un guía, un descifrador de signos y varios oficios más. Los talentos de esa gente pueden darle la pauta de quién es el más apto para cada función: por ejemplo, el que se pasa todo el día haciendo crucigramas podría ser el descifrador.
La película, que parece una mezcla de La del Soto del Parral con Harry Potter, no se priva de agregar una nueva raza, la de los Tartúticos. ¿Quiénes son los Tartúticos? Unos monos espantosos y chillones que se descuelgan de los árboles, pero en el fondo no son tan malos: sin ellos, el Scrunt haría lo que le diera en gana. ¿Sospecharía algo Night Shyamalan el destino de su película? Posiblemente: uno de los inquilinos es un crítico de cine al que devora el Scrunt.
Dejá tu comentario