Sin embargo, esos artificios de luz, escenografía y texto de los que se vale para recrear y recortar, como en un sueño, o una pesadilla, aquel período de la historia de Francia (casi todo transcurre de noche), están muy lejos de distanciar al espectador de la agitada intimidad y las desdichas de sus personajes. Es curioso, y no puede ser explicado más que por la magia de
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