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4 de junio 2008 - 00:00

"La niebla"

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«La niebla» mantiene en vilo al espectador durante todo su transcurso; el único defecto es que adapta tan fielmente a Stephen King, que respeta hasta un final más literario que cinematográfico.
«La niebla» (The Mist, EE.UU., 2007, habl. en inglés) Dir.: F. Darabont. Int.: T. Jane, M. Gay Harden, T. Jones, L. Holden, F. Sternhagen, A. Braugher.

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Hasta ahora, Frank Darabont se venía especializando en adaptar al cine el lado más dramático y menos sobrenatural de Stephen King. De hecho, el autor se mostró especialmente satisfecho con el modo en el que Darabont filmó historias carcelarias como «Sueño de libertad». En todo caso, ahora también queda claro que el director puede manejar perfectamente el punto fuerte del escritor de «El Resplandor», ya que «La niebla» va directo al terror, con algunas de las escenas más contundentes que hayan surgido del Hollywood moderno.

«La niebla» es un realidad un relato de ciencia ficción jugado como una película de horror, en el estilo de los films de monstruos de los años 50 y clásicos como «El enigma de otro mundo» (hay un homenaje a la versión de John Carpenter, a la vez autor de un film homónimo con el que este no tiene nada que ver).

Una neblina baja desde una base militar a un pequeño pueblo, y de pronto una horda de gente aterrorizada no puede salir del interior de un supermercado rodeado de monstruos indescriptibles concebidos en la mejor tradición de los Mitos de Cthulhu de H.P. Lovecraft. El asunto está narrado con elegancia clásica, y se toma su tiempo creando climas hasta un tercer acto con un glorioso ataque de monstruos, escalofriante a la altura de los mejores ejemplos del género.

Si fuera una película de los 50, el título sería algo así como «El ataque de los tentáculos carnívoros de la cuarta dimensión». Sólo que la descripción se quedaría muy corta, dado que hay bichos de todo tipo y tamaño que parecen competir entre sí en cuanto a su capacidad de parar los pelos de punta al espectador, mientras diezman a la pobre gente atrapada en medio de esa neblina de origen desconocido. Pobres en todo sentido, especialmente de espíritu: es que King utilizó este antológico ataque a la raza humana por criaturas de otro mundo para desnudar las miserias del alma terrícola, exacerbando los comportamientos de histeria e intolerancia colectiva, que termina siendo un monstruo más horrible que cualquier cosa peluda con alas y ocho patas (en este caso realizados con los mejores efectos especiales aplicados a cada especie de criatura infernal). Con un elenco lleno de actores secundarios notables (empezando por el gran villano William Sadler en una composición minuciosamente nauseabunda) y un brillante sentido del ritmo, climas y suspenso, para poder mezclar los conceptos más dramáticos del guión sin detener la super acción espeluznante, esta película es fiel a la novela de King hasta las últimas consecuencias. Fidelidad que, en este caso, lamentablemente incluye un anticlimático desenlace, más convincente en términos literarios que cinematográficos, punto débil de lo que podría haber sido una obra maestra completa. Esto no impide recomendarlo como un formidable drama fantástico capaz de hacer saltar en su butaca al más curtido fan del género, que seguramente sabrá la importancia de potenciar esta fábula moral disfrazada de película de horror a la antigua viéndola en una sala llena, junto a una audiencia al borde del ataque de pánico.

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