16 de febrero 2001 - 00:00

La técnica es sólida pero la trama flaquea

Opera prima de Agustina Carri.
Opera prima de Agustina Carri.
Un niño deja sus juegos en la plaza y camina por la vereda golpeando a su paso un palito contra una verja. Exactamente lo mismo viene haciendo, desde la otra punta, un muchacho medio inmaduro. Se cruzan, se miran, cada uno sigue en lo suyo. Sólo que ese joven terminará matando a un tipo que no conoce, y ese niño quedará huérfano. ¿Acaso no se cruza uno sin saberlo, tantas veces, con alguien que quizá modifique su destino? En este caso, ambos tienen otra cosa en común, pero imposible de compartir: el aire ensimismado.

Esa fue la escena nuclear del corto «Niños», de Albertina Carri, y es ahora una de las escenas más comunicativas del largo que la joven cineasta hizo, expandiendo ese mismo relato hasta las dimensiones de un pequeño largometraje.

Pero no se trata de un cuento alargado, sino de una especie de «nouvelle» en varios capítulos. Empieza casi directamente con el asesinato y luego trata de indagar en el carácter del asesino y de su instigador, sus respectivos ámbitos familiares, socialmente distintos, pero anímicamente parecidos, y sus diferentes motivaciones: en uno, el malestar con el padre neurótico y, en otro, el fastidio con el cuñado que se niega a vender una fábrica.

El problema es que la película se hace bastante aséptica. Queriendo mostrar una gente desangelada, la directora ha dispuesto también, con plena conciencia, un tono desangelado. Pero de esa forma, las situaciones nos dejan afuera, y los personajes nos parecen ajenos, distantes y, a veces, hasta un poco artificiosos o aburridos. Resulta difícil simpatizar con alguno de ellos, ni siquiera con el pibe, o con la víctima. Se aprecia, en este caso, la capacidad técnica (con relevante fotografía en blanco y negro de Paula Grandío) y la coherente aplicación de un estilo narrativo sin concesiones. Pero eso es todo.

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