17 de febrero 2001 - 00:00
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Juan Carlos Lectoure: El hecho de que tanto la Nación como la capital y la provincia de Buenos Aires estén organizando cada fin de semana espectáculos gratuitos -esto dicho entre comillas, porque en realidad tienen un costo elevado y se pagan con el dinero de la gente-, inclusive con artistas extranjeros, resulta una competencia desleal. Es mi humilde opinión, pero creo que administran mal porque gastar la plata en espectáculos artísticos en nombre de la cultura no me parece el mejor camino. Para mí, cultura es que los colegios estén bien, que las maestras cobren un sueldo digno, que las aulas estén acondicionadas. En todo caso, nosotros sí estamos contribuyendo a la cultura poniendo estas entradas a precios muy accesibles y con todas las comodidades que tiene el Luna Park; pero yo lo hago con mi plata; no tengo por qué sacarle a nadie para eso.
P.: ¿Cuál sería el objetivo oficial si no es cultural?
J.C.L.: Yo no me tiro contra nadie ni quiero especular sobre cuál es el motivo que mueve a los funcionarios a organizar este tipo de eventos. La verdad es que no creo que la gente vote a alguien porque tenga un espectáculo gratuito. A lo mejor ni se pusieron a pensar en el daño que les causan a los productores privados. Nosotros empezamos con esta producción hace seis meses. Pusimos 1.200.000 pesos en un momento muy malo del país. Nos jugamos y hemos dado trabajo a 200 personas entre actores, cantantes, bailarines, músicos, técnicos, etcétera. No digo que las 90.000 que fueron a ver a Gal Costa el último sábado hubieran venido al Luna. Pero con que 900 se hubieran repartido entre los distintos espectáculos, hubiera sido muy importante para todos los productores.
P.: ¿No cree que podría haber otras razones para que el musical no funcione como esperaba?
J.C.L.: El Luna no es un teatro convencional que con 900 o 1.000 personas luce bien. Nosotros lo armamos como un teatro gigante para 4.700 personas. Debutamos el 10 de enero pensando que tendríamos mucho público, pero no nos está yendo como esperábamos. Y una de las causas es, sin duda, la situación económica; eso se nota fundamentalmente en las localidades más baratas. De modo que decidimos poner una parte importante de las entradas a $ 1. Y evidentemente ha dado resultado. El miércoles anterior habíamos vendido 64 entradas; y a un peso vendimos 1.100. Además, por la magnitud del espectáculo, no se pierde la calidad de la visión ni la audición desde esos lugares. Y lo hicimos porque también el artista vive del aplauso. Tener la sala medio vacía no tiene ningún sentido.




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