La violencia de la guerra se aquieta en una serie de minuciosos paisajes realizados al lápiz, y el territorio de combate termina diluyéndose en la serie de tintas y acuarelas hasta llegar a una onírica abstracción. Es que la «batalla de estilos» es también estética, y en este campo se cruzan la figuración y la abstracción y las influencias que sobre el artista ejercen desde Para comenzar, con la forma del osito de peluche que desde 1981 hasta hoy fue mutando, humanizándose, y que es posible reconocer en los gnomos y personajes de leyenda que habitan sus obras, y que en esta muestra contribuyen a aplacar el drama. Luego, con lo que bien puede llamarse el
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