Un comprador desprevenido podría confundir la temática de Fuerza Magnética de Valentina Vidal si sólo se fijara en su tapa. Además del título, la imagen que lo acompaña es la de una mujer quitándose la remera, con una pared de azulejos blancos de fondo. En conjunto la cubierta es erótica y también punk. Pero si bien esos temas distan de ser los centrales, sería incorrecto decir que están ausentes. Al igual que la mayoría de los encuentros más íntimos, la historia ocurre en un espacio cerrado: una clínica privada a la que están vaciando. El magnetismo, sin embargo refiere a un espacio claustrofóbico: un resonador.
Valentina Vidal: "No todos respondemos igual frente a la desesperación"
La autora habló sobre su primera novela, "Fuerza Magnética" (Tusquets) que explora los vínculos dentro de una clínica privada a punto de cerrar. La traición, la enfermedad, el amor y la amistad, reunidos en torno a un resonador.
Su personaje principal es Alina, una mujer que pasa a ser empleada de ese centro –y de conocer desde adentro como cada ingresante es entendido en término de órdenes, facturaciones y pagos – a ser una paciente oncológica. Pero también están Mirko, el empleado que se debate entre el compañerismo y la traición ante un contexto de “sálvese quien pueda”; una médica residente que lleva varios días sin dormir, un mes sin cobrar y la pulsión sexual que se despierta ante el agobio y también Jimena, la mejor amiga de Alina, que pasó de acompañarla a recitales a estar con ella en los momentos más difíciles.
¿Por qué punk? Porque explora todas las reacciones y las pulsiones de cada uno de sus personajes teñidas con la premisa del “no future”. Vuelan las preguntas sobre si persistirán las fuentes de trabajo, las amistades, los histeriqueos, los vínculos y hasta la vida misma en un contexto caótico. En diálogo con Ámbito, Vidal contó como fue el proceso de escritura de su primera novela, que explora las relaciones humanas frente “a una bomba a punto de explotar”, anticipa que está escribiendo dos más en simultáneo y también cuentos con estilos muy distintos. “Roberto Bolaño decía que hay que escribir cuatro o cinco libros a la vez, cosa que para mí es imposible por la falta de tiempo y sobre todo concentración, pero bueno, vale el consejo”, dijo la autora, quien también es jefa de redacción del sitio de reseñas literarias Solo Tempestad.
Periodista: ¿Cuál fue el disparador que te llevó a escribir Fuerza Magnética?
Valentina Vidal: Tenía la necesidad de narrar sobre los vínculos dentro de un escenario de opresión, sobre la participación de un cuerpo dentro de otro, es decir; una empleada que trabaja en una clínica a punto de entrar en convocatoria y que a la vez es diagnosticada con una enfermedad y queda internada allí mismo es una suerte de muñeca rusa, o mamushka, que aborda las capas de lo que significa ser parte de un sistema cerrado y aceptar sus reglas librando batallas internas y externas. Pero también me interesaba embarrarme con lo que pasa con los vínculos atravesados por la casualidad y la causalidad de un sistema laboral con condiciones impiadosas y desiguales. La naturaleza humana y sus reacciones pulsionales frente a las situaciones límites.
P.: Es cierto que mostrás diferentes posturas frente al desastre: la amistad, la traición, la pulsión sexual, entre otras. ¿Cómo fue el trabajo de delinear cada personaje y cómo se te ocurrió ese contraste?
V.V.: No todos respondemos de la misma manera frente a la desesperación. Hace un tiempo, mucho después de haber escrito esta novela, vi una película que se llama Force Majeure, del director Ruben Östlund, donde un matrimonio con dos hijos está en un hotel lujoso desayunando al lado de una montaña. Repentinamente un alud se les viene encima y el tipo corre para salvarse, dejándolos solos. No les pasa nada, pero a partir de ahí esa pareja se resquebraja, queda una incomodidad permanente que erosiona lo convenido, lo esperable entre un padre y sus hijos. Es un poco el resumen de lo que quise contar, qué pasa cuando alguien está frente a la pérdida de algo tan visceral como un empleo, que es nuestra manera de subsistir en el mundo y atender las necesidades básicas. Lo primero que responde es nuestro instinto de supervivencia y depende de nuestra capacidad de empatía hacia el otro en cómo vamos a responder. La coralidad de la narración, la diversidad y las contradicciones de los personajes inmersos en situaciones complejas fue algo que surgió desde las preguntas constantes que me hago acerca de los puntos de vista: me gusta tener los 360° de todo lo que sucede. Luego están las fugas, salirse a como dé lugar de esa opresión asfixiante por medio del sexo, pero también por medio del amor y la amistad.
P.: ¿Pensás que puede impactar aún más la lectura sobre una clínica en convocatoria en tiempos de crisis económica, donde la incertidumbre alcanza también al área de la salud?
V.V.: El sistema de salud lamentablemente tiene esa incertidumbre desde siempre y sobre todo en el área privada, que es un terreno más fangoso y librado a la suerte de nuestro pícaro y escurridizo empresariado argentino. Para los empresarios de la salud, los pacientes son un número en la facturación y eso es tierra de desesperación y ganancia porque el paciente lógicamente se quiere curar y está dispuesto a cualquier cosa a cualquier precio. Es con eso es que el empresario hace sus negocios y en el medio, toda la cadena de mando, el engranaje que arranca desde la mesa de entradas hasta la salida de las ambulancias que convive con la vida y la muerte revoloteando de manera permanente todos los días y te gasta la cabeza. Me llegaron muchos mensajes, hasta de médicos, que cuando leyeron la novela sintieron el impacto de leer en una ficción algo que les pasa todos los días y el sistema es tan gigante que no saben cómo salirse de él o desarticularlo. Es deber de un estado presente que regule y haga cumplir las reglamentaciones para que todo funcione lo mejor posible.
P.: La idea de “la salud entendida como negocio” se expresa en tu novela de una forma sutil y cruel en iguales proporciones ¿Cómo encontraste la mejor manera para expresarla?
V.V.: Trabajé muchísimo tiempo en una clínica con estas características, hay un montón de situaciones que viví y están tomadas como plataformas para construir los mundos ficcionales, lo que me llevó a un gran trabajo de escritura para generar la distancia suficiente entre lo real y lo ficcional, tratando de no perder nada en el camino, porque los personajes son ficticios, pero la escalera caracol no. Lo mismo sucede con el directorio que manipula y acosa a todos los empleados con un único fin: hacer dinero y mantener su estructura de poder, que muchas veces es perverso. Es como que la tela en blanco esté en el caballete esperándote. Para mí escribir es un poco eso, una situación te dispara algo y a partir de ahí empezás a crear los universos con sus propias reglas.
P.: Alina pasa de ser empleada de esa clínica a ser una paciente oncológica. ¿Pensaste que narrar el cáncer “desde adentro” del lugar donde iban a tratarla fue una pérdida de la inocencia extra para tu personaje?
V.V.: Las enfermedades oncológicas son un antes y un después en la vida de cualquier persona. Hay una toma de conciencia acerca de la propia finitud que se puede tomar como una pérdida de inocencia, pero también como un renacimiento. Es duro escribirlo porque pasé por una enfermedad así y apelar a las sensaciones físicas que tuve que transitar fue un proceso muy áspero, pero que me parecía necesario. Sobre todo porque también sentí la responsabilidad de que si alguien que lee la novela está pasando por una situación similar, se sienta tratado con respeto, humanidad y un poco de humor, que es algo que hace bien y se necesita porque redime, resignifica y alivia. Son momentos donde una necesita ser comprendida, porque los sentimientos son muy contradictorios y el entorno a veces lo entiende, pero otras le cuesta, porque está inmerso en la difícil tarea de acompañar con la tristeza y la preocupación de ver sufrir a alguien que quieren y en el camino si no nos entendemos todo se vuelve un lío doloroso.
P.: ¿Cómo conviven tu rol de escritora y de crítica literaria?
V.V.: Bastante bien, es muy enriquecedor, porque me hace leer mucho y aprendo. Escritora soy tiempo completo, sino estoy escribiendo, estoy pensando en qué escribir, así que lo tomo como parte de la nutrición permanente que se necesita para narrar. Leer contemporáneos es algo absolutamente necesario, hay un color, un tono de época que no hay que ignorar. Hay algo de lo que estamos hablando todos y está bueno que quede reflejado en la literatura. Luego están los clásicos para recordarnos porque perduraron en el tiempo y aprender a que cuanto más leemos, mejor escribimos.
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