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5 de marzo 2002 - 00:00

López Armentía expone en Miami y Nueva York

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Gustavo López Armentía

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Sus obras narran historias que entretejen pasado, presente y futuro de lo que está aconteciendo en el continente, desde la singular percepción del artista. Cambia los nombres de las ciudades. Por ejemplo, donde está Lima ubica a Munich, pero sin aludir a conceptos de colonización, sino a la hibridación, a la mezcla de culturas.

«En algunas obras incluyo pintura, en otras fotografías transferidas o un objeto, o incluso dibujo directo. Lo que consigo con una técnica o un material, no lo logro con otros. No son mejores ni peores, sino distintos», ha dicho el artista.



La aparición casi universal del neoexpresionismo se dio a fines de los '70 y tiene en la Argentina, evidentes semejanzas con los hechos que a su vez favorecieron el estallido del movimiento en Europa. Esta carga de tragedia y persecución que anticipa y registra el expresionismo alemán, no es indiferente a la generación de artistas a la que pertenece
Sus pinceladas son vehementes, de ejecución rápida y una de sus características es la frecuente independencia de los signos en relación con lo figurativo. La utilización de ritmos primarios y un verismo fantasioso, unidos a una subversión antiacadémica del espacio clásico, ubica a los personajes, siluetas esquemáticas en el trazo, pero desbordantes de color y materia, con una elegancia indiscutible, que les confiere un toque de manierismo. Además escoge colores capaces de expresar los estados emocionales.

Sus formas no son individuales, sino socializadas, porque emergen como fruto de una mirada comunitaria sobre el mundo y en el mundo. Las formas se alargan o se proyectan, como si todo debiera ocurrir, inexorablemente, desde una dimensión diferente. En sus obras, con ritmos impetuosos y evocativos, las figuras tienen la movilidad de una plataforma giratoria, como si el artista quisiera apresar el instante. Sensible y refinado, va revelando su cultura urbana, pero también cerebral.

En su visión, la imagen no es una proyección de la realidad, sino una verdad interior traducida a términos de líneas y colores. Sus obras tematizan los mecanismos del poder que desdeña derechos y libertades, y la sociedad de consumo que arrasa con ideales y esperanzas. Sus pinturas y esculturas proponen al espectador desentrañar las situaciones e historias que encierran: el interés primordial es el detrás de las cosas. «Lo que se puede mostrar, no se puede decir»: es el ya legendario aserto del filósofo






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