David Grossman y Mario Vargas Llosa inauguraron anteayer en Guadalajara la 27a edición de la Feria Internacional del Libro.
- La Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la más importante a nivel latinoamericano, fue inaugurada anteayer con la presencia del Premio Nobel peruano, Mario Vargas Llosa, y el escritor israelí David Grossman, una de las voces más destacadas de la literatura judía contemporánea. El diálogo ambos seguido por una gran cantidad de jóvenes que abarrotó las instalaciones del Salón Juan Rulfo, el más grande de la feria. Entre los asistentes también estuvo la periodista Silvia Lemus, viuda de Carlos Fuentes, quien al final del encuentro entregó las medallas conmemorativas a Vargas Llosa y Grossman.
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Ayer, la mesa que más convocatoria obtuvo fue aquella en la que se puso sobre el tape la importancia o no de los premios literarios, cuya multiplicidad ha comenzado a generar un debate entre autores, editores y agentes, replicado en el marco de esta 27° edición de la feria mexicana.
Desde el Premio Nobel a Mario Vargas Llosa hasta el flamante Cervantes para Elena Poniatowska, los premios están a la orden del día entre los autores latinoamericanos, aunque no sólo los grandes. El cubano Raúl Ortega, por ejemplo, obtuvo con una novela inédita un concurso organizado por la edición mexicana de la revista "Playboy".
Para el agente literario argentino Guillermo Schavelzon muchos premios son "operaciones de marketing destinados a dar visibilidad a un escritor. Hay muy pocos casos, cada vez menos diría, que los premios sirven para dar a conocer a un nuevo valor de la literatura. Son operaciones de marketing y por eso nadie critica si estaban hablados o designados de antemano", señala.
Para Schavelzon, "la prensa cultural ha caído en tal decadencia que los premios sirven para que la gente se entere de que existe una obra, algo que antes hacía la crítica".
¿Es imprescindible para un escritor ganar un premio literario? En Guadalajara se pasean varios premiados, como el mexicano Álvaro Enrigue, reciente ganador del Herralde con "Muerte súbita", y sus compatriotas Guadalupe Nettel, Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero con su libro de cuentos "El matrimonio de los peces rojos", y Emiliano Monge, merecedor del Jaén de Novela en 2012 por "Cielo árido".
Cristina Rivera Garza acaba de obtener el Roger Caillois 2013 de literatura latinoamericana y esta edición de la FIL honrará la obra de Ana García Bergua con el Premio Sor Juana de Literatura por su novela "La bomba de San José". La lista es casi interminable y evidencia una situación que en principio otorga alegría a los autores premiados, tal como reconoce Nettel. "Me dio una alegría tremenda, claro, además de un suma de dinero que, aun después del descuento de los impuestos y de la comisión de la agente, que no es poco, es todavía importante", dice la también autora de "Pétalo" y "El cuerpo en que nací".
El español José Ovejero es un experto en ganar premios. No sólo obtuvo recientemente el Alfaguara por su novela "La invención del amor". En 1993 se había hecho acreedor al Ciudad de Irún por su poemario "Biografía del explorador" y en 1988 con el Grandes Viajeros con "China para hipocondríacos". Por "Las vidas ajenas" consiguió el Primavera 2005 y por "La ética de la crueldad" el Anagrama de Ensayo 2012. Cuando recibió los 175.000 dólares del Alfaguara, regresaba a vivir a España luego de una larga estada en Bélgica. "El asunto del dinero comenzaba a preocuparme", relató.
El dinero, como bien reconocen los escritores, ayuda. Tal el caso del mexicano César Silva, quien acaba de obtener el Premio Nacional de Novela por "La balada de los arcos dorados". "No tengo trabajo y por tanto no tengo entradas importantes en mi hogar, así que para mí el premio fue muy importante porque me ayuda a pagar las deudas", comentó. Pero "no creo que sea imprescindible para un autor que gane un premio. Leí a Philip Roth sin saber quién era y a Paul Auster o a Eduardo Antonio Parra sin importarme qué premios tenían".
La escritora cubana Wendy Guerra, que en la FIL presenta su reciente novela "La Negra", editada por Anagrama, dice que el Premio Bruguera en 2005 le cambió la vida para bien: "Me dio a conocer al mundo". Para la escritora, residente en La Habana, "los premios literarios son buenos porque sirven para comer, puesto que las editoriales pagan muy poquito y la mayoría de los escritores vende poco, así que casi nunca hay regalías".
Paralelamente a la discusión sobre el alcance de tales premios, también se debatió ayer en Guadalajara la posibilidad de que pueda "enseñarse a escribir bien", es decir, a generar a un autor. A decir del italiano Alessandro Baricco, una de las máximas figuras invitadas a esta edición de la feria, los narradores pueden fabricarse en las escuelas.
Para ello puso de ejemplo (sin dejar de hacerle publicidad, desde ya) su Escuela Holden, en Turín, que ya tiene dos décadas y que ha adquirido desde hace un año carácter internacional merced a dos fuertes inversores que han engrosado el capital y le han dado alas al proyecto.
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