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5 de septiembre 2008 - 00:00

Luthiers: concerto grosso a la Freud

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Daniel Rabinovich y Marcos Mundstock son Ramírez y Murena en «Lutherapia», nuevo espectáculo del conjunto de instrumentos informales.
Desde esta noche, Les Luthiers se recostarán en público en un diván, algo que, pese a su histórica vinculación con la disciplina creada por Freud y su pertenencia de origen a la cultura de los '60 y el Instituto Di Tella, nunca habían hecho. En realidad, estrenan un nuevo espectáculo llamado «Lutherapia», que -como es costumbre en ellos- acaban de preestrenar con seis funciones en Rosario. Sobre esta nueva creación (todo estreno de Les Luthiers es un auténtico acontecimiento-cultural) dialogamoscon Daniel Rabinovich:

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Periodista: ¿Le dieron de alta al tema del psicoanálisis en sus espectáculos?

Daniel Rabinovich: En realidad, ya hubo algo de eso hace mucho tiempo en «Blancanieves y los siete pecados capitales», pero es cierto que esta vez la «terapia de un compositor» articula un espectáculo entero: empieza cuando hace la primera consulta y termina con el alta, atravesando en el medio toda una serie de fantasías que corresponden a distintas parodias musicales, desde un par de escenas operísticas, un valsecito, un rock, una galopa paraguaya y otras.

P.: ¿El compositor que va a terapia es Mastropiero?

D.R.: No, si bien esa fue la primera idea y aunque Mastropiero vuelve a estar muy presente en este espectáculo, el compositor es otro, Ramírez, y el terapeuta es Murena, es decir, Ra-Mu, Rabinovich y Mundstock.

P.: ¿De quién fue la idea original?

D.R.: En este caso fue de Carlos López Puccio, fue él quien propuso psicoanalizar humorísticamente a Mastropiero. Empezamos a trabajar sobre esa hipótesis pero luego nos dimos cuenta de que no terminaba siendo convincente, y la cambiamos.

P.: ¿Hay algo de su propia experiencia psicoanalítica como grupo?

D.R.: No, no, en absoluto. En verdad, esa terapia de tipo laboral que hicimos como grupo ya terminó hace rato. Nuestro terapeuta, Fernando Ulloa, murió este año pero aquello terminó a principios de los 90. Aprendimos muchas reglas de convivencia y nos fue útil.

P.: En líneas generales, ¿«Lutherapia» mantiene firme el estilo Les Luthiers o se permiten algunas modificaciones?

D.R.: Siempre firmes, es nuestro sello de identidad.

P.: Quiero decir, ¿nunca se han sentido tentados a hacer algunas referencias a la actualidad por ejemplo? Material hay mucho.

D.R.: No, no lo hicimos nuncay jamás lo haremos. Nuestros espectáculos no sólo evitan eso sino que tampoco tienen, en lo posible, referencias localistas, salvo nuestro acento. Por eso los disfrutan los públicos de todos los países de habla hispana. Por ejemplo, «Lutherapia» tiene fecha de estreno prevista para España en 2011 ó 2012. Si el show contuviera referencias a la actualidad ya quedarían desactualizadas, o habría que cambiarlas por otras. Las excepciones, claro, son algunas mínimas adaptaciones; por ejemplo, el bis que hacemos en la Argentina en este show es el gato «El explicado», pero en España haremos otro. Allá no conocen el gato como género musical, y se perdería la gracia.

P.: Históricamente, algunos han creído ver algunas referencias concretas a hechos políticos, aunque de manera indirecta. Por caso, el famoso «Concerto grosso alla rustica», que mezclaba el cuarteto de cuerdas veneciano con un carnavalito, parecía una burla a la cultura «nacional y popular» del peronismo de los 70.

D.R.: Pero no fue esa la intención. Esa era una composición «quodlibet», en contrapunto, sólo que con un carnavalito. Claro, no podemos impedir que se la lea como se prefiera, aunque no era ese el propósito...

P: O las «Imnovaciones», con la reforma del Himno Nacional por un político...

D.R.: Ah, pero eso le puede caber a cualquiera en América latina. Quien quiera ponerse el sayo que se lo ponga.

P.: ¿Cuándo dejan de pulir y modificar un espectáculo nuevo?

D.R.: Hasta el día del primer testeo que hacemos en Rosario trabajamos cada uno de los números de manera minuciosa. Después, tras esa primera representación, volvemos a modificar muchas cosas en función de las reacciones del público. Ese es el peor momento, el de mayor sufrimiento.

P.: ¿Por qué? Debe ser comparable al placer del escritor, cuando tiene una novela terminada, de recortar, sustituir pequeñas cosas... Lo peor ha de ser todo el proceso anterior.

D.R.: No, le aseguro que no es así. Sufrimos mucho más ese momento tras la primera función. No estamos adaptando una obra de Priestley que ya está probada, sino que es todo material nuestro.

P.: Ustedes, además de creadores, son sus propios productores. Es decir, no tienen a nadie que venga y les diga: «esto va, esto no va», como tuvieron que soportar los más grandes, desde Fellinia los hermanos Marx. Todo tienen que decidirlo en grupo.

D.R.: Es verdad. Eso da más temor, pero, en fin, a esta altura, después de los 41 años que cumplimos ayer, estamos un poquito más tranquilos.

P.: ¿Daniel Casablanca se integró al grupo?

D.R.: No, no. Es reemplazante. Les Luthiers somos cinco y queremos seguir siendo cinco. Lo que ocurre es que, como somos tremendamente obsesivos, no queremos suspender ningún show por cualquier eventualidad que se presente. De modo que ya teníamos un suplente, Horacio Turano, y ahora decidimos tener dos y llamamos a Casablanca.

Entrevista de Marcelo Zapata

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