28 de agosto 2013 - 10:24
Mancuso, del lenguaje clásico al contemporáneo
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La argentina Carolina Mancuso, estrella desde hace una década en el Nederlands Dans Theater de Holanda, bailará hoy y mañana por primera vez en el país.
P.: ¿Cómo fueron sus primeros tiempos en el NDT?
C.M.: Estuve muy vulnerable, muy receptiva y muy abierta a poder aprender cosas nuevas, sensaciones nuevas. Cuando uno tiene un preconcepto deja de estar abierto a otras posibilidades, no sólo en la vida sino en un escenario o en el trabajo diario. En el NDT2 había muchos bailarines que venían de una formación distinta y eso me pareció enriquecedor y fue lo que hizo que yo interpretara distintos papeles de manera muy distinta, a través del entrenamiento que ellos me daban o que yo observaba. En el NDT me fortalecí, llegué de una forma, me estoy yendo de otra y le tengo mucho cariño, este cambio fue positivo y me sentí apoyada por el director, que más allá de sentir pena en dejarme ir al mismo tiempo entendía por qué quería seguir este camino. La carrera de un bailarín es corta, sigo teniendo las mismas ganas de experimentar que cuando empecé, y no es casual que mi primer proyecto freelance sea en la Argentina.
P.: ¿Conocía ya a Pablo Fermani?
C.M.: Con él me encontré dos años atrás, empezamos a charlar en Holanda de las ganas que yo tenía de bailar acá, se fue dando, primero lo invitaron a él y él me propuso a los productores del espectáculo. Me siento muy agradecida a ellos por esta oportunidad.
P.: ¿Qué bailarán?
C.M.: Un fragmento de una obra creada para el NDT por Joeri Dubbe: "Trigger-happy", inspirada en la película de Stanley Kubrick "2001, odisea del espacio". La obra en sí dura media hora y está dividida en dos partes; lo que bailaremos aquí es el final, donde se trabaja mucho con las emociones y el enfoque hacia el futuro. Siento que este fragmento tiene un buen comienzo y un buen final y confío en que el público logre hacer una buena transición entre ambos.
P.: ¿Cómo se desarrolla la vida cotidiana en la compañía?
C.M.: El NDT1 tiene clases a las once, lo cual le da a uno más tiempo. A veces hago pilates antes, luego tenemos la clase de clásico y a veces cuando encaramos una determinada coreografía tenemos entrenamientos especiales, como las clases de gaga para el trabajo con Ohan Naharin, que hace que uno se contacte más con las sensaciones que con las posturas. Este año tuvimos también la suerte de trabajar con Crystal Pite, una persona muy sencilla que hace hincapié en la improvisación y en llevar al bailarín a lugares desconocidos. Después de la clase hay ensayos hasta las 3, luego una pausa de 45 minutos y a las 17:45 terminamos. Allá anochece muy temprano, no hay sol y el clima no es propicio para salir, salvo a un bar o a la casa de alguien. Por suerte yo vivo muy cerca del teatro, en la zona céntrica.
P.: ¿Vislumbra la posibilidad de volver a la Argentina en algún momento?
C.M.: Me encantaría poder intercambiar todo lo aprendido aquí con un tiempo suficiente para que el intercambio, más allá de que la otra persona sea estudiante, bailarín o coreógrafo, sea real y no esté limitado por una cantidad de días. No sé si podría vivir aquí porque tampoco sé dónde quiero vivir. Siento que soy parte de todos lados pero tengo mucho apego hacia todos. Muchas veces me siento extranjera pero sigo manteniendo costumbres argentinas. Sí me veo en un lugar con más sol. Me siento privilegiada de hacer lo que hago y no sentir limitaciones, porque aunque las haya las veo como motivaciones para seguir adelante. Me gustan mucho los países del norte, pero soy como una planta tropical que se está secando y extraño el calor. Por ahora disfruto del sol de Buenos Aires.
| Entrevista de Margarita Pollini |




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