«Margarita y azucena». Mariana Baraj. Los años luz discos 062.
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Hija del prestigioso saxofonista y flautista Bernardo Baraj, Mariana Baraj ha logrado liberarse de la carga familiar a fuerza de trabajo y talento. Sus mejores armas aparentes están en la voz y en su capacidad de tocar instrumentos de percusión. Pero, en realidad, su mayor virtud es su capacidad de innovar sobre las tradiciones sin romper con el pasado, su inconocidas teligencia para mezclar sonidos electrónicos con instrumentos de muy larga historia, su creatividad para combinar canciones con arreglos y formas que la ubican en el presente.
Mariana Baraj ya había editado dos discos «Deslumbre» y «Lumbre», y este nuevo trabajo la muestra madura en su manera de interpretar y de elegir repertorio, segura de su búsqueda.
El álbum combina clásicos como «Maldigo del alto cielo» de Violeta Parra, las recopilaciones de Leda Valladares, «Ay por qué Dios me daría» y «Margarita y azucena», el tradicional boliviano « Tinkuman» y «La gota de rocío» de Silvio Rodríguez, con temas de Armenia y Kenia y, en perfecta armonía, con composiciones de Bobby McFerrin y Gustavo Santaolalla.
Una larga lista de importantes músicos se sumaron a la voz y a la percusión de Mariana; entre ellos, Lisandro Aristimuño, Liliana Herrero, Enrique Norris, Sergio Verdinelli, Mariano Domínguez, Marcos Cabezaz y Gabo Ferro.
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