Mariano Mores festejó sus 90 años con espectacular concierto en el Luna Park.
«El homenaje». Orquesta: G. Mores y A. Falasca (teclados), T. Giannini ( bandoneón) y la Orq. Lírica Popular. Voces: S. Mores, G. Mores, D. Cortés y A. Mores. Cor.: G. Elías. Dir.y piano: M. Mores (Luna Park, sáb. 5 y dom. 6 de julio).
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A los 90 años, Mariano Mores se comporta como el mismo joven maravilla de la era de oro del tango: su show de dos horas tiene de todo para que el entretenimiento nunca decaiga, y lo mejor es que da la sensación de que el más entretenido es el mismo Mores, casi más concentrado en la conducción de la orquesta desde su piano que en los múltiples detalles de color que se intercalan acentuando el carácter popular del espectáculo.
Si funciona bien, no hay que arreglarlo, dice el dicho. Mariano Mores tiene una fórmula que funciona muy bien desde algún tiempo, más o menos unos 73 años. El material de archivo proyectado en las pantallas de video, ubicadas a los costados del escenario, ayudan a que el público tenga una perspectiva histórica adecuadapara disfrutar de un concepto tan sencillo, directo y poco pretencioso, al punto de que en un contexto actual podría lucir políticamente incorrecto.
Es que los sutiles y personales arreglos orquestales para dar vida a clásicos propios y ajenos (como «La Cumparsita» o un brillante «Volver», cantado por Gardel desde un antiguo clip) pueden estar acompañados por un ballet desaforado gauchesco, o mezclado con simples, contundentes tangos cantados como «Uno», «Garufa» o «Cafetín de Buenos Aires».
Desde su puesto de mando, Mores exhibe todo su talento que se disfruta, especialmente, en los momentos culminantes de tango orquestal, con una utilización soberbia de las cuerdas y los contrapuntos entre piano y percusión. Luego no deja de resultar soprendente la espontaneidad para bajar de lo semisinfónico a la emotividad de las presentaciones familiares (incluyendo un tema en el que el maestro se sienta a un lado para escuchar al piano a su nieto, o un recuerdo de su hijo Nito) que por supuesto tienen su climax en el mitico «Cuartito azul».
Las partes folklóricas con toda la familia en el escenario hacen recordar un poco a los clanes musicales de las series de TV o la música country, lo que les da cierta candidez simpática, sin llegar al kitsch de algunos momentos del ballet con sólidas parejas de tango y algunos exabruptos difíciles de clasificar, como la evolución de un gaucho en tanguero con un cambio de vestuario tipo striper.
El concepto de espectáculo con matices de music hall implica justamente este tipo de variedades, que aporta una sonrisa amable que no se confunde con la admiración profunda que provocan « Taquito militar» o «Tanguera». No hacen falta efemérides ni excusas de ningún tipo -aun inobjetables, como sus 90 años- Para que el público siga disfrutando del talento de Mariano Mores.
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