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En general a Wolff se lo considera un maestro del relato breve. El mejor desde la muerte de Raymond Carver. Pero, no es menos cierto que las novelas autobiográficas de Tobías Wolff iluminan, con la misma intensidad, conductas y situaciones cotidianas que en realidad están atravesadas por conflictos muy profundos.
En sus «memoirs», cada episodio se funde en el siguiente sin perder autonomía y sumando, a la vez, nuevos elementos a la trama. Esta técnica recuerda al fundido de escenas de un montaje cinematográfico, lo que le permite al escritor cincelar cada uno de sus recuerdos como si se tratase de una pieza poética.
En «La vida de este chico» («This boy's life», 1989) Wolff evocó sus años de pubertad. La novela fue recibida con un gran entusiasmo en Estados Unidos, donde también premiada por brindar un retrato casi paradigmático de la juventud norteamericana. En 1993 fue llevada al cine con el protagónico de Leonardo Di Caprio ( interpretando al autor en su adolescencia), Ellen Barkin (en el rol de madre) y Robert De Niro como el padrastro abusivo.
En 1994, Wolff publicó sus recuerdos sobre la guerra de Vietnam («In Pharaoh's Army: Memories of the Lost War») y recién en 2003 lanzó «Vieja escuela», una novela en la que ficcionaliza sus años de estudiante «becado» en una exclusiva escuela preparatoria de New Hampshire, famosa por su snobismo y por el alto nivel social de su estudiantado. Sin embargo, Wolff la recuerda como «un lugar donde lo que más se valoraba era la literatura» y donde «suscitaba más interés» la visita de un poeta «que la contienda electoral entre Nixon y Kennedy».
El autor de «De regreso al mundo» y «Cazadores en la nieve» utilizó materiales biográficos y diversos apuntes sobre la literatura y el oficio de escritor para construir una trama de excitante suspenso (si bien está centrada en la búsqueda de la propia identidad) y en la que abundan los personajes curiosos.
Entre otras cosas, los alumnos compiten entre sí con sus escritos para ganarse una entrevista privada con un escritor de prestigio. Esto desata una serie de enredos y conflictos que no hacen más que enriquecer la mística del lugar. Salvando las distancias, esta escuela de New England, parecetener varios puntos en común con la escuela Howarth de «Harry Potter».
Alumnos y profesores comparten la misma fascinación por la literatura y se esfuerzan por capturar su magia y su misterio.
Y aunque aquí todo suena muy real también se da cita el encantamiento, como por ejemplo, el capítulo dedicado a la visita del poeta Robert Frost. Sin duda, el mejor de la novela. Patricia Espinosa
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