Una de las obras de la muestra «N.York N.York» de José
Gurvich que acaba de ser inaugurada en el museo montevideano
que lleva el nombre del admirable artista.
Asistimos a la preinauguración de una nueva muestra de José Gurvich (1927 -1974) en el Museo que lleva su nombre abierto al público en Ituzaingo 1377, Plaza Matriz, Montevideo, en 2005.
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Julia Helena Añorga, más conocida como Totó, con quien Gurvich se casó en 1960, abrió el acto refiriéndose a los años pasados en Nueva York ciudad adonde llegaron en 1970 y que constituye el eje central de la muestra titulada «N. York N. York». «Gurvich trató de adentrarse en ese mundo ruidoso, complejo asfixiante, un escenario poco apto para un soñador lírico como él», dijo la viuda.
A su vez, su hijo Martín que tenía 11 años cuando su padre murió de un ataque al corazón, recordó al ser cariñoso y humano con quien compartió cálidos momentos en el pequeño departamento de la calle 11 del Lower East Side de Manhattan, un período duro ya que no podía mantener a su familia con la venta de su arte durante un largo tiempo. Con su famosa libretita salía a tomar apuntes de escenas cotidianas que luego convertía en delicados dibujos y acuarelas que captaban la atmósfera efervescente de la ciudad.
Gurvich nació en Jieznas, un pequeño pueblo de Lituania, en los albores de la Segunda Guerra mundial, por lo que sus padres emigran a Uruguay donde se instalan en 1932 en el Barrio Sur. El año 1944 es clave para Gurvich, porque su encuentro con Torres García definirá su vocación. Tanto él como los otros integrantes del Taller Torres García, Gonzalo Fonseca, Francisco Matto, Julio Alpuy, Augusto y Horacio Torres siguieron la filosofía del maestro, quien proponía un lenguaje visual abstracto que unía el modernismo europeo con el ejemplo constructivista del arte precolombino. Torres García muere en 1949 pero el TTG continúa su actividad hasta fines de los 50, y sus principales seguidores desarrollaron sus propias características expresivas.
Pero Gurvich siempre demostró cierta rebeldía y en su obra hay una mezcla de construcción e imaginación; en 1967 declaró: «El mundo de la imaginación me ha conquistado. Mi imaginación explotó. Circula incontrolable.» Una vez escribió: «La fantasía está en descrédito pero para asomarse al gran silencio y extraer las voces que aún no se escuchan, cuánta imaginación se necesita!.» Gurvich se convirtió en una voz independiente, así lo señala su alumno Adolfo Nigro: «rompió con el pasadoconstructivista y sus restricciones visuales».
El movimiento incesante, la energía, los carteles, las escaleras de incendio, las señales de tránsito, banderitas, las muchedumbres apiñadas, los fondos de rascacielos, una acumulación infinita de autos y seres humanos, puentes y hasta la vorágine se siente al observar tanto sus dibujos como sus témperas sobre papel. Esto también fue llevado a sus óleos, donde se destaca el cromatismo anaranjado, ocre, colores con mucho peso. Sus collages de 1972, piezas excepcionales con formas escultóricas, relieves, pequeños objetos incorporados, su iconografía tan característica, una pierna regordeta sobre una escalera o volando sobre edificios, el brazo que surge desde el fondo del plano, la casita llevada a cuestas por unas piernas, el pez, la llave, objetos de la liturgia judaica. Todo ello podría llamarse el «período de las cosas volando y flotando», iniciado en el Kibbutz Ramot Menasche donde en diferentes períodos también trabaja como pastor.
Iconografía
Una obra extraordinaria es «Pareja en blanco y negro» (1974), óleo sobre tela. Invita a observarla por un largo tiempo; en esta maravilla de líneas ondulantes se descubre su mágica iconografía. Las cerámicas, un mundo fabuloso «cuya ductilidad se aviene a mi propósito de inmediatez en las soluciones». Las series «Forma Erótica» (1972), «Proyecto para Monumento» (1973), «Personaje Construido» (1970), son piezas únicas, formas redondeadas con nichos en los que instala otras formas de gran delicadeza, que a su vez, están de los proyectos en acuarelas sobre papel, algunas con reminiscencias picassianas de estudios que el malagueño realizó para su «Crucifixión según Grünewald» de 1932.
Otra obra admirable es « Assemblage» (1972; 40x15x36 cm), técnica mixta, óleo sobre madera con formas de cerámica. Una pequeña pared en la que se recorta un triángulo y una repisa sobre la que se encuentran formas geométricas en tonos ocres interrumpido por una forma azul y unas placas con pictografías. En fin, toda otra explicación es inútil, allí está para ser gozada en la simplicidad y yuxtaposición de sus elementos.
Gurvich adoraba tocar el violín pero según testimonios «se lo tragó la pintura». El excelente catálogo bilingüe, castellano -inglés, especialmente editado para la muestra, está impreso en Montevideo, consta de 225 páginas, reproducción de las obras expuestas, con textos de Totó y Martín Gurvich y un ensayo sobre el artista de Mary Schneider Enríquez. Clausura en Marzo 2008.
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