Roger habla, y mucho. No hay tema que escape a su capacidad de improvisación, sobre todo si de conductas sexuales se trata. Publicitario de profesión, sostiene que su único fin en la vida es hacer sentir a la gente un poquito más infeliz, porque sólo de esa manera se le puede vender un producto que no necesita. También así se vende él. Sin embargo, hay un rasgo que diferencia a Roger de la tipología porteña clásica: no es melancólico, condición que le permite destruirse a sí mismo sin hacer escalas en la autocompasión.
El film del debutante
La anécdota, nimia, reúne a Roger con su sobrino Nick, que viene a la gran ciudad a pasar unos días a su lado. Tiene 16 años, es virgen, y quiere que su tío lo ayude a iniciarse con las mujeres. Como se adivina, la misma crueldad que Roger aplica consigo mismo la trasladará a Nick. Su ayuda en la iniciación no tarda en convertirse en un claustrofóbico ejercicio de humillación y crueldad.
Interesa bastante poco descubrir que, en el fondo, la actitud de Roger puede nacer de su propia desprotección, o de su incapacidad para establecer una relación más o menos duradera (su jefa en la agencia,
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