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29 de marzo 2006 - 00:00

Nada peor que un detective aburrido

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Wallander es un hombre de cuarenta y pico ( divorciado muy a su pesar de una peluquera mandona y posesiva) que de tanto en tanto se tortura pensando que es demasiado sentimental para su oficio de policía. En su país de origen, Wallander es considerado casi un héroe nacional ya que sus historias reflejan la fuerte escalada de inseguridad, drogadicción y violencia que comenzó a padecer Suecia en las tres últimas décadas, dejando atrás un pasado idílico en el que todo era calma y seguridad.

Los relatos reunidos en
Entre las muertes que debe resolver en esta etapa figuran el misterioso suicidio de su vecino de piso, el crimen de una anciana en manos de un indocumentado procedente de Sudáfrica, y el de un fotógrafo que en sus ratos libres utilizaba su arte para deformar los retratos de políticos y personajes influyentes. Lo primero que descubre el policía es que su rostro también forma parte de esa colección de «monstruos». El caso del envenenado que muere durante un viaje en taxi no tiene un desarrollo interesante, y en verdad todas las historias de este libro se demoran en diálogostriviales o en descripciones de poco vuelo.

Si bien cada crimen se presenta como un nuevo acertijo, la abulia del policía hace que todo resulte demasiado reiterativo (su aburrimiento existencial, las peleas con su padre, su insufrible mediocridad). Y eso que entre una investigación y otra media una década; pero ya sea a los veinte, a los treinta o a los cuarenta el tipo sigue siendo un aburrido.

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