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29 de septiembre 2020 - 00:00

El gigante de Oscar Wilde, en la Cordillera

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Toma Virtual se llama la empresa de Liliana Romero y Norman Ruiz que, combinando técnicas actuales y tradicionales, ya hicieron cinco largometrajes de animación, entre ellos el “Martín Fierro” con dibujos de Fontanarrosa, y la singularísima “Anida y el circo flotante”. Ella se ocupa del arte, la animación y los fondos, y él atiende efectos, composición, postproducción. El reparto de tareas parece ejemplar, y los resultados son estimulantes, y siempre ajenos a lo que se considera animación industrial.

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Esta vez se inspiraron en aquel gigante de Oscar Wilde que odiaba a los niños porque le rompían las plantas, hasta que dos misterios le hicieron ver las cosas de otro modo y uno de los misterios era divino. En su versión, lo divino pasa a ser simplemente mágico, el gigante es un floricultor que pretende modificar los ritmos de la naturaleza y culpa a los demás de sus propios errores, las cuatro estaciones y sus asistentes son personificadas por figuras muy singulares, y todo se ambienta en algún rincón de la Cordillera donde una niña y una chivita presencian las torpezas del grandulón, pero también descubren su oculta nobleza. Tal vez al comienzo haya algún diálogo un poquito más largo de lo necesario, un detalle menor frente a la rica fantasía de esta obra para niños (eso también es singular, muy pocos hacen cine para niños entre nosotros). Simpático el verano, que se declara librepensador, en la voz de Manuel Wirtz. Envolvente la música de Ortega y Rusansky.

“El gigante egoísta” (Argentina, 2020). Dir.: L. Romero, N. Ruiz. Animación (Cine.ar).

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