ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

10 de abril 2008 - 00:00

Ofrenda de Scorsese a fans de Rolling Stones

ver más
Antes un concierto (excelentemente) filmado, que documental sobre los Rolling Stones, «Shine a light» gustará especialmente a los fanáticos de la banda; el resto deseará más entrevistas y detrás de escena.
«Shine a light». (EE.UU.-G. Bretaña, 2008, habl. en inglés). Dir.: M. Scorsese. Documental.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Como la película sobre «U2» estrenada hace dos semanas en 3D, este film de Martin Scorsese sobre el concierto de los Rolling Stones en el Bacon Theatre de Nueva York en 2006, está destinada sólo a fanáticos o simpatizantes de la banda. Quien busque curiosear el backstage del legendario grupo deseoso de jugosas entrevistas, será poco lo que obtenga pues el documental ofrece una hora cuarenta y cinco minutos de puro show, sin tantos hallazgos detrás de escena como se desearía.

Dicho esto, la película es un excelente registro de ese recital, donde la mano maestra de Scorsese logra captar gestos únicos de los Rolling, que pintan la intimidad de estos enigmáticos personajes.

Ya lo repitió Scorsese cada vez que pudo: «Hace décadas que quiero hacer un documental sobre mis ídolos y lo hice desde el lugar del fan». Sin embargo, el film deja la sensación de que, al tenerlos cerca, el director no amó todo lo que hubiera esperado a sus criaturas, siempre que se tome en serio la seguidilla de dificultades que, dice él, tuvo que sortear a la hora de tratar con sus majestades satánicas. Este contrapunto entre director y «actores» es construido por Scorsese con humor: desde el principio del film, muestra desingeligencias como una conversación telefónica con Jagger quien, escueto y tajante, acepta el proyecto y le corta; también se lo ve obsesionarse en vano por tener la lista de temas lo antes posible (llegará a pocos segundos de comenzar el recital).

Pasan por el concierto «Brown sugar», « Satisfaction» o «Simpatía por el demonio» entre una veintena, pero sin duda divierten más las secuencias de backstage (mínimas) o las entrevistas de archivo. Claro que esto último es más fácil de encontrar y, por ende, menos valioso que un concierto filmado por Scorsese.

No falta la famosa entrevista a un Jagger jovencísimo, fresco y bello, diciendo: «No sé cuánto más tocaremos, quizá un año», cuando los Stones llevaban tan sólo dos de vida. Se extrañan más testimonios, como aquel en el que Jagger confiesa funcionar por «una increíble reacción química», seguido de risas suspicaces. Es desopilante la seguidilla de reportajes en diferentes idiomas, donde le preguntan al líder «Quién sería si no fuera Mick Jagger» y éste responde «Otra persona, por supuesto», o el siempre sonriente Keith Richards quien, a la pregunta «¿Qué hace minutos antes de subir al escenario?» responde «Me despierto». Al público presente en el Bacon Theatre, Richards le dice, siempre tentado: «Es bueno volver a verlos, bueno, es bueno ver a cualquiera». Cuando se pone más serio en alguna entrevista, Richards confiesa: «No pienso nada cuando estoy sobre el escenario, sólo siento. No analizo cómo sobrevivimos, mi suerte no se debe haber agotado aún».

Lo mejor del recital en sí, llega con la performance que comparten los Rolling junto a Buddy Guy en el tema «Champagne and refeer» ( pasan también Jack White y Christina Aguilera como invitados). El duelo de armónica y guitarra entre Jagger y Guy, que incluye, además, varios momentos de pura improvisación, justifica la visión del film.

Al comienzo de la película, el cuarteto saluda a la familia Clinton en pleno. Es que el ex presidente de Estados Unidos fue quien los convocó para este show en contra del calentamiento global. El fragmento describe a la perfección el legendario humor «Stone»: luego de saludar amablemente a cada miembro de la familia de su anfitrión, Richards secretea a cámara: «Bueno, tampoco te abuses Clinton».

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias