A doce años de su presentación en Málaga, se estrena esta curiosa coproducción hispano-argentina de autor vasco y elenco y paisaje porteños. El tiempo no agravó ni tampoco suavizó sus defectos, que son varios, entre ellos el haber incluido una versión flamenca, por bulerías, del precioso tango de los hermanos Virgilio y Homero Expósito que da título al film. También hay que armarse de cierta paciencia frente a los diálogos, el montaje, las inverosimilitudes y otras cositas. En cambio, hay una intriga que puede ser entretenida. O más de una. Primero, una linda psicoanalista mata, sin querer queriendo, a un tipo violento. Después descubre quién era el fulano. El asunto es que no la descubran. Pronto conoce al inspector encargado de la pesquisa. Para colmo, amigo de la víctima. Y también bastante pronto lo conoce, como se decía antes, “en el sentido bíblico”. Surge entre ambos una atracción inhabitual. Y la psicoanalista debería darse maña para manejarla, sobre todo porque, cuando no está metido con ella en la cama, el hombre sigue investigando el crimen.

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