En «Yo Carlos», el actor cuenta un buen arsenal de chistes,
que distribuye sabiamente entre sus muchas experiencias
vividas dentro y fuera del escenario.
«Yo, Carlos» de y por Carlos Perciavalle. Jueves 21 hs. (Sala «The purple lounge»-Faena Hotel.)
Más que un regreso al Café concert («Ahora lo llaman stand up, pero es lo mismo que hacíamos nosotros en la década del '60"), el nuevo show de Carlos Perciavalle es un nostálgico balance de 65 años de vida y 50 de trayectoria en el que abundan las anécdotas divertidas y los chistes de ingenioso remate. Aun así se impone un clima intimista y de fuerte sinceramiento que el actor utiliza para generar un buen feedback con la platea. No se priva de mencionar su operación de próstata ni sus muchos liftings, o de mostrarle al público su ayuda-memoria, sus pastillas para la garganta y todos los amuletos y cábalas que lo «protegen» en escena.
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Al igual que en sus últimas apariciones públicas, esta vez volvió a elegir a Camilla Parker Bowles como figura principal de su show. La esposa del príncipe Carlos de Inglaterra es, como se sabe, un personaje que en su momento dio mucho que hablar a la prensa chismosa. Pero, en manos del actor se transforma en una abanderada del buen humor y el más sano desprejuicio.
Finalizado ese número se proyecta un video con comentarios en off a cargo del cómico, que resume su larga trayectoria artística junto a importantes figuras, entre las que se destacan Antonio Gasalla, Tato Bores (con quien protagonizó «La jaula de las locas») y China Zorrilla, su gran amiga y recurrente partenaire en «El diario de Adán y Eva» de Mark Twain.
A continuación, el actor reaparece en escena encaramado en unos enormes zapatos con plataforma y con un traje a todo brillo. Es el momento de las confidencias, en donde Perciavalle se mueve a sus anchas logrando un delicado equilibrio entre realidad y fantasía, si bien se ocupa en señalar: «Yo cuento la verdad hasta cierto punto». Su discurso se ramifica hasta lo impredecible y tanto puede pasar de un recuerdo privado a un chisme del espectáculo o a un hecho reciente sin perder el hilo de su narración.
Cuenta, además, con un buen arsenal de chistes, que distribuye sabiamente entre las muchas experiencias vividas dentro y fuera del escenario. De una de ellas da prueba concreta. Es cuando exhibe su cédula de identidad uruguaya, en donde a diferencia de sus compatriotas aparece fotografiado con una sonrisa de oreja a oreja. Verborrágico como pocos -y, además incentivado con los aplausos de sus seguidores- el actor se resiste a abandonar la escena luego de hora y media de show, algo que él mismo reconoce.
También cabe señalar, que en su empeño de convertir cada anécdota en una lección de vida corre el serio riesgo de opacar su reconocida veta humorística. Sin ir más lejos, en la función del jueves pasado, un espectador reclamó a viva voz: «¡Hablá por teléfono!». Y Perciavalle obedeció de inmediato. La simulada conversación telefónica que mantuvo con su amiga China resultó una delicia y el público volvió a ovacionar al artista dejando en claro, una vez más, su voluntad de verlo actuar.
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