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Su impulso responde al deseo de llevar el arte a la calle, para que lo disfrute la gente. Se trata de una expresión de arte público, disciplina en la que Santa María ya tiene antecedentes. Como la intervención que realizó en el barrio de Barracas, al colorear tres cuadras de la calle Lanín, donde nació hace poco más de media centuria, o en el paredón del ferrocarril, donde instaló «Huellas de aire», una serie de cuadros que reflejan el cielo, o en la Avenida 9 de Julio, donde proyecta desplegar 500 estandartes pintados por artistas, para que flameen como banderas.
En el proyecto que lleva el nombre «La milonga del Abasto», el verdadero protagonista más allá del color y la forma, es la música. Y ya se divisan los rostros de Carlos Gardel sobre los paredones, y los primeros compases de las partituras de los tangos Imágenes que aspiran a resucitar la mitología porteña y evocar el sonido de voces, guitarras y bandoneones.
Si bien la obra tiene un inconfundible sabor popular,
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