«Retrato de Adele Bloch-Bauer» es desde ayer el cuadro más caro de
la historia: u$s 135 millones. La obra, confiscada por los nazis, había sido
devuelta este año a una heredera de sus propietarios.
Nueva York (Reuters, EFE y Especial) - La venta ayer de un retrato pintado en 1907 por el austríaco Gustav Klimt en 135 millones de dólares, la suma más alta jamás pagada por una pintura, tiene un significado que excede al del mercado del arte. Este récord, que supera largamente los 104,1 millones de dólares pagados en 2004 en Sotheby's por «Muchacho con pipa» de Pablo Picasso desatará, seguramente, un largo debate entre expertos (el punto crucial es si un Klimt puede valer más que un Picasso), interrogante que nunca deberá dejar de tener en cuenta, como en este caso, la significación política e histórica de la transacción.
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La obra en cuestión, «Retrato de Adele Bloch-Bauer», estuvo en el centro de una batalla de restitución entre el gobierno de Austria y una sobrina de Ferdinand Bloch-Bauer, industrial judío de la industria azucarera cuya esposa es la modelo de la obra. La sobrina pugnó durante muchos años para recobrar ese cuadro, tras ofrecer abundante documentación según la cual éste había sido incautado por los nazis, junto a otras cuatro pinturas, durante la Segunda Guerra Mundial. En enero de este año, la justicia determinó que la pintura, junto a otras cuatro del mismo artista, fueron devueltas a la mujer, Maria Altmann, de 90 años, que vive en Los Angeles.
El comprador de la obra es el magnate Ronald S. Lauder, hijo de Estée Lauder, fundadora del imperio de los cosméticos. Lauder, además, creó en 1987 la Fundación que lleva su nombre, dedicada a la protección y reubicación de los sobrevivientes del Holocausto. Su historia personal es muy significativa en ese aspecto: Lauder, nombrado embajador norteamericano en Austria por Ronald Reagan en 1986, se ganó una sólida reputación como arquitecto político en las relaciones diplomáticas entre ambos países. Y, durante su gestión, llegó a enfrentarse varias veces con el presidente Kurt Waldheim, por causa de su pasado nazi.
Su causa contra los remanentes del antisemitismo austríaco lo llevaron a una exploración de sus raíces judeohúngaras, y así llegó a tomar contacto con centenares de judíos centroeuropeos, sobrevivientes del Holocausto, con modos de vida y descendencia a la deriva. Fue allí cuando se decidió a crear la Fundación.
La venta fue objeto de acuerdos confidenciales y Lauder no confirmó el precio. Pero expertos familiarizados con negociaciones, que hablaron con «The New York Times» bajo condición de anonimato, dijeron que el magnate pagó 135 millones de dólares por la obra.
La compra del cuadro de Klimt, que de alguna forma también se enmarca en la obra de Lauder por restituir identidades judías, no se produjo en una subasta sino que fue el resultado de un acuerdo privado entre el magnate y la propietaria de la pintura, en el que intermedió «Christie's». «Es una adquisición que se produce una vez en la vida», dijo ayer Lauder, fundador hace 5 años de la Neue Galerie, pequeño museo ubicado en Manhattan dedicado enteramente al arte alemán y austríaco. Allí colgará la obra junto a los otros cuatro cuadros de Klimt restituidos a su propietaria, que posiblemente también Lauder termine adquiriendo. Estarán en exhibición desde el 13 de julio al 18 de septiembre. Actualmente se encuentran colgados en el Museo de Arte del Condado de Los Angeles. De 138 por 138 centímetros y concluido por Klimt en 1907 -a los tres años de empezarlopor encargo de Ferdinand Bloch-Bauer, el industrial y marido de la modelo-, el cuadro ofrece una imagen sensual de Arlene Bloch-Bauer, que según testimonios de la época pudo haber sido amante del artista.
Mecenas y asidua de los círculos culturales vieneses, la modelo organizaba con frecuencia reuniones de intelectuales en las que no solían faltar el propio Klimt y el compositor Richard Strauss. Ferdinand Bloch-Bauer legó los cuadros a sus sobrinos pero sus bienes fueron confiscados tras la anexión en 1938 de Austria por la Alemania nazi, por lo que «la Adele de oro» permanecía en la Galería Belvedere de Viena hasta que su propiedad pasó a Altmann.
En declaraciones a «The New York Times», Altmann reconoció que Lauder había entrado en contacto con ella antes inclusive de que fuera propietaria de la obra, y no descartó vender las otras cuatro pinturas de Klimt a través de la firma Christie's. La casa de subastas admitió «haber tenido la satisfacción de facilitar el entendimiento entre Altmann y Lauder», pero advirtió «que no ofrecerá detalles sobre ese acuerdo». Nacido en 1862 y fallecido en 1918, especializado en paisajes y retratos de mujeres, Klimt es uno de los más importantes exponentes de la pintura europea de principios del pasado siglo.
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