“La cuarentena no me afectó mucho”, dijo ayer a este diario Moris, el legendario pionero del rock nacional. “Es que yo soy ermitaño desde hace rato. Antes salía de vez en cuando a tocar la batería en San Telmo o cosas así, pero hace rato que me quedo en casa, el cuerpo te lo pide...”.
Sin embargo, lejos de retirarse, Moris estará desde hoy de regreso con un nuevo disco, “La última montaña”, que grabó junto con su hijo Antonio Birabent. El dúo padre-hijo ya había lanzado otro disco hace 10 años, “Familia canción”, pero este flamante álbum tuvo la particularidad de ser producido a distancia, por la cuarentena, aunque ambos afirman que la pandemia no tuvo nada que ver.
“Un día se me ocurrió una letra y lo llame por teléfono a mi viejo para que le hiciera una música”, agrega Birabent. “Luego le pasé el tema a nuestros productores de siempre, Lolo Micucci y Victor Volpi, y viendo que estaba bueno, los tres coincidimos en que si podíamos hacer un tema también podíamos hacer un disco entero. Lo cierto es que transitamos la cuarentena con bastante altura”.
“La última montaña” tiene 9 canciones, en las que a veces la letra es de Moris y la música de Antonio Birabent, o viceversa, sin que el oyente lo advierta. También tiene diferentes matices musicales y climas veloces como en la casi jazzera “Ciudad extraña” o en el rock rápido “El zorro”, y otros más reflexivos como en “Nieva en Buenos Aires” o “Dónde iran a dormir”. “Hay bandas que tocan reggae o blues, y nunca salen de ese cuadrado de reggae o blues”, dice Birabent, “pero nosotros somos heterogéneos, lo único que podría decir es que lo que hacemos son canciones de rock”.
Justamente ese carácter heterogéneo siempre caracterizó a Moris, que podía hacer una balada sensible como su clásico “El oso” y luego en España arremeter con el rock and roll mas furibundo en su no menos clásico “Sábado a la noche”.
“Ese cambio surgió un poco de la necesidad”, cuenta Moris. “Cuando llegué a España mis amigos argentinos me decían que los temas de discos como ‘30 minutos de vida’ iban a ser un éxito pero yo, menos ingenuamente, intuí que los madrileños no se iban a emocionar con baladas melancólicas ni temas sensibles, así que cambié el ritmo de mis canciones al rock and roll, sin que por eso tuviera que cambiar mi identidad artística. Cuando era chico, antes de formar mi primera banda, Los Beatniks, con Pajarito Zaguri, cantaba en los cumpleaños temas de Los Plateros, y a veces también me llamaban de orquestas de jazz, esos fueron mis comienzos. Pero volviendo a ‘Sábado a la noche’, creo que el éxito de esos temas estuvo en la visión que puede dar un extranjero de un país distinto, eso atrapa a la gente del lugar. Es como cuando tradujeron el ‘Martin Fierro’ al ingles!. El Martin Iron.”
“Lo del rock nacional es muy relativo”, continúa Moris. “Si te fijás en clásicos como “Muchacha ojos de papel”, “Viento dile a la lluvia”, “Presente” o “Avellaneda blues”, la verdad es que no tienen mucho de rock. Son canciones que a veces pueden parecer bossa con batería, y que muchas veces muestran su influencia del tango. Inclusive Sui Generis, y hasta Soda Stereo o Virus, mas que rock hicieron canciones con las mismas raíces argentinas”.
La ductilidad de su padre y su capacidad de ser fiel a si mismo enorgullece a Antonio Birabent. “Mi viejo nunca respondió a las reglas de la industria discográfica, nunca fue obsecuente con esas reglas”, asegura Antonio, y resalta la participación de Litto Nebbia en uno de los temas, “Nieva en Buenos Aires”. “En el disco anterior, ‘Familia canción’, decidimos no tener artistas invitados, ya que de por sí era bastante raro un disco de un padre y un hijo. Pero esta vez le mandamos el tema a Nebbia y cuando aparece cantando junto a mi viejo es todo un símbolo, se me pone la piel de gallina cada vez que los escucho juntos”.
Moris agrega: “A Nebbia lo tratamos hace rato tanto mi hijo como yo, así que era la persona indicada para invitar a cantar en el disco. Siempre admiré su sentido de la organzación, incluso desde Los Gatos era muy organizado y anotaba todo en una libretita, y además lo admiro por mantener a través de los años un sello como Melopea, donde tiene como mil matrices de discos de todos los generos: rock, tango o folklore”.
Al mismo tiempo que Nebbia empezaba con Los Gatos Salvajes y luego con Los Gatos, Moris armó con Pajarito Zaguri uno de los grupos más importantes y menos prolíficos del rock argentino, Los Beatniks, que grabaron un simple poco menos que fabuloso, “Rebelde”, además de unos pocos temas como “No finjas más”. Corría 1966, los autenticos inicios del rock argentino.
“Teniamos un público muy absorbente”, recuerda Moris, “básicamente porque si les gustaba el rock éramos los únicos a los que podían ver en vivo. A veces tocábamos en un teatrito de la calle Florida y ya que estábamos ahí usábamos cualquier escenografía que hubiera quedado en el escenario, lo que dio lugar a la leyenda de que hacíamos una especie de musical. Hay gente de esa época con la que segui muy conectado, por ejemplo Javier Martinez de Manal o, o con Vox Dei, o Sandro, que una vez me invitó a cantar con él en el Gran Rex. Sandro nos ayudó mucho a todos los de la Cueva, y nos compró los equipos de sonido del bar Juan Salvador Bar que pusimos con Javier Martinez en Villa Gesell. Eran épocas duras, porque nos enfrentábamos a una dictadura militar, pero en un punto ese constante enfrentamiento era lo que potenciaba nuestra creatividad. Eso, y las hormonas de la juventud. Sin embargo, yo nunca me enfrenté tanto a los militares como para sufrir consecuencias. Por ejemplo, nunca estuve preso. Es que cada vez que me paraba la policía, les mostraba mi carnet de Sadaic y me dejaban libre. Se ve que les parecía algo serio, asi que Sadaic era mi salvoconducto”.
Muchas historias como estas seguramente aparecerán en “El imperio del tiempo”, la inminente autobiografía de Moris que publicará Planeta el año que viene. Mientras tanto, se lo puede disfrutar escuchando este flamante disco.
Dejá tu comentario