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17 de marzo 2007 - 00:00

Roger Waters hizo delirar a 60 mil espectadores en Monumental

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Roger Waters
Después de cinco años, el músico británico Roger Waters, ex líder la mítica banda Pink Floyd, regresó a la Argentina y anoche concretó el primero de los dos shows en el estadio de River Plate, donde con una espectacular performance conmovió a unas 45 mil personas.

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Imágenes sugestivas, melodías bellas y recurrentes que lograron un efecto envolvente, un fuerte contenido político sustentado en un mensaje antibélico, y una banda impecable se complotaron para que Waters transmitiera una sensibilidad que emocionó a un público de todas las edades.

Muy lejos de apelar a la nostalgia, el bajista, compositor y cantante, elegió recrear una obra memorable en una noche perfecta que exigió atención y compromiso.

A los 63 años, el creador se impuso en dos horas y media de un recital conceptual que dedicó a una parte de su material solista y al disco "The dark side of the moon" (El lado oscuro de la luna), que abordó por completo en el segundo tramo de la noche y que es el que da nombre a su gira.

En un escenario flanqueado por tres pantallas gigantes en las que se proyectaron videos psicodélicos y animaciones, un lúcido Waters, vestido con pantalón y camiseta negra y secundado por una decena de músicos, desplegó 26 canciones que transitaron por la oscuridad, la melancolía, la intimidad y el impacto.

Uno de los tramos sobresalientes de la noche se dio cuando, en medio de un imponente marco sonoro, lumínico y visual, la aparición de inmenso cerdo rosado acaparó todas las miradas.

"Encierren a Bush antes de que nos mate a todos", "El miedo construye paredes", "¿Dónde está Julio López?", "Nunca más", "Videla, Galtieri, Thatcher y Bush, todos dan asco", fueron algunas de las frases escritas sobre la panza y los costados del globo inflable que navegó por el aire.

El fuego (con llamaradas que superaban los 20 metros de altura), el universo, dolorosas fotografías de guerra, el rostro de George Bush y hasta un jovensísimo Waters hundiéndose en el pasto en su época con Pink Floyd, fueron algunas de los imágenes que acompañaron la temática del concierto.

"In The Flesh", "Mother", "Shine on you", "Have a cigar", "Perfect sense", "Leaving Beirut", "Sheep" y la balada "Wish you were here", acompañada por tres guitarras acústicas y las voces del público, fueron algunos de los títulos que integraron la primera parte del recital, dedicada los discos "Animals", "The Wall", "Wish You Were Here" y "The Final Cut".

Tras un intervalo de quince minutos el cantante regresó al escenario para abordar "Dark side of the moon", tema que da nombre al álbum que Pink Floyd registró en 1973 y que se erigió como su primera obra masiva, en la que la banda logró integrar la experimentación sonora en el formato canción.

Así pasaron el tema homónimo que da nombre a la obra, "Speak to me", "Breathe", "On the Run", "Time", "Money", "Us an Them", "Eclipse" y "Any Colours you live", entre otras de las composiciones que combinan el jazz fusión, los coros gospel (que en el show revivieron tres excelentes cantantes negras) y las texturas psicodélicas.

Para los bises e impulsados por el fervor del público, los músicos, entre los que se cuenta su hijo Harry en el piano, regresaron al escenario y tocaron "Another brick in the wall", tema en el que Waters se hizo acompañar por niños del Instituto de River Plate, a quienes saludó uno por uno con beso.

Para el final quedaron "Encore", "Happiest days", "Vera", "Bring boy back" y "Comfortably numb", que cerraron un concierto cargado de emociones y matices, y en el que Roger Waters demostró que la belleza de su música es capaz de "reflejar el dolor de los demás", tal como lo definió a la prensa horas antes del show.

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