23 de noviembre 2005 - 00:00

Sagaz examen de nuestro idioma

Ivonne Bordelois «El país que nos habla» (Bs. As., Sudamericana, 2005, 224 págs.) y «La palabra amenazada. edición ampliada» (Bs. As., Libros del Zorzal, 2005, 144 págs.)

Cuando desde los medios y la política se pone pasión en vaciar el sentido de las palabras, un abordaje profundo acerca de cómo se habla terminadiciendo más sobre una sociedad que los debates artificiales que se enarbolan desde aquellos pedestales.

Ivonne Bordelois
publicó en 2003, en pleno shock del país, «La palabra amenazada». Lo hizo en una editorial pequeña, Libros del Zorzal, y lo que provocó aquel trabajo sorprendió a todos. Denunció entonces, y lo hace ahora más extensa y profundamente con «El país que nos habla», a emisores, en especial la televisión y la radio, que tienen la particularidad no sólo de ser vulgares, sino que también de darle a la autocelebración un rol central en su mensaje.

Dicha esta denuncia necesaria, Bordelois se vuelca hacia un análisis lúcido sobre el habla de los argentinos. Aparece entonces, en un análisis histórico, el español del arrabal y los debates entre los grupos «Martín Fierro», de los puristas de la tradición porteña, y «Boedo», que se atrevía a traducciones de autores rusos a la luz de la influencia de los inmigrantes. Esos mismos flujos migratorios que terminaron por pincelar nuestro castellano, uno de los más diversos del mundo.

La corrección no impide a Bordelois exponer sus ideas con todas las letras. Sí en 2004 dijo que «España cambió el monopolio de la norma (Real Academia Española) por el monopolio editorial», con esta obra vuelve a la carga sobre una tensión, en ocasiones latente y en otras explícita, entre lingüistas, docentes, académicos y simples peatones de ambos lados del océano.

Bordelois
aborda la pretensión de un sector influyente de la Academia Española -que nunca termina de bajar sus banderas- que presume para su país la propiedad de la corrección de la lengua. Pero, a la vez que describe la realidad de una península en la que el castellano retrocede frente a las lenguas regionales, reconoce en Victor García de la Concha y en el «avance de España» cierto abandono «del autoritarismo tradicional» de la Real Academia Española.

La autora cita a Borges en el capítulo sobre «la inflexión porteña del español». Cuando el escritor se metió de lleno en la polémica, dejó un comentario malicioso sobre la literatura ibérica. Si la metrópolois realmente tenía la superioridad lingüística alardeada, debería traducirse en «una gran literatura poética o filosófica, favores que no se domiciliaron nunca en España».

En «El país que nos habla» también hay espacio para temas que preocupan -quizás demasiado- a los lingüistas: El abuso de anglicismos, el spanglish y el lenguaje electrónico. Podría ser lo que viene, y de allí el miedo que transmite el pobre repertorio adolescente. Por último, dice Bordelois, la crisis siempre pertenece a la sociedad y nunca al lenguaje, que en última instancia, acude a su rescate.

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