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Al actual estado de cosas contribuyeron el mercado negativo, la reducción de la oferta, la desaparición de los libros importados, una masa de lectores que ya no pueden acceder a novedades y obras profesionales, el encarecimiento de los insumos y los costos de flete, el incremento de la práctica de fotocopiar, el rechazo en Diputados a la Nueva Ley del Libro, la mayor concentración de empresas (caso emblemático fue que Paidós pasara a Planeta), y el achicamiento de los planes editoriales con incertidumbre sobre el año actual. Sólo hacia fines de 2002 comenzó a verse una leve mejoría.
«Es cierto, la narrativa argentina se vende poco, pero aún hay una veintena de autores que tienen lectores que los siguen. Es más, nosotros vamos a seguir publicándolos y en el futuro sostendremos aun más la literatura argentina e intentaremos descubrir una nueva camada de novelistas», comentó
Esa es la razón, según
La caída de la literatura argentina fue ratificada en un sondeo realizado en puntos de venta de diversas zonas de la Capital Federal, donde la situación se definió, de acuerdo con los diversos entrevistados, como «la manifestación de una notable crisis estética en nuestra literatura actual», «el desconocimiento de los nuevos escritores por parte del público por falta de difusión», «la falta de penetración en el segmento de la gente joven que, si bien cada vez lee menos, es un gran motor para las ventas». Según
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