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Las aventuras de Tarzán llegan a Broadway de la mano de la Disney casi un siglo después de que comenzaran a inundar la literatura, el cine, el cómic y luego la televisión. Decenas de actores han encarnado a Tarzán de los Monos desde que Edgar Rice Burroughs publicara en 1912 la novela homónima, pero quien lo interprete por primera vez en directo debe tener una condición que no tenían los anteriores: saber cantar. Así se precisa en un comunicado divulgado esta semana en Nueva York en el que se convoca a los artistas que aspiren a interpretar el papel y que empezarán a hacer pruebas el 29 de agosto para que el elegido pueda estrenar la obra en la primavera de 2006. Los candidatos deben tener voz suficiente como para interpretar las canciones que Phil Collins compuso en 1999 como banda sonora para la versión en dibujos animados de «Tarzán» y que compondrán el libreto del musical. «Joven, sexy, vulnerable, con fuerza animal, atlético pero no demasiado musculoso y que desprenda mucha humanidad» son las otras virtudes que deben adornar a los aspirantes. La búsqueda de un nuevo Weissmuller se deja entrever en las condiciones exigidas para el primer Tarzán teatral, que de acuerdo con la convocatoria debe contar con « cuerpo de nadador».
Miles de neoyorquinos se sumaron ayer a la fiesta organizada por el diseñador urbano Marc Ecko para los artistas del grafito, una cita envuelta en la polémica por los intentos del ayuntamiento de retirar el permiso para su celebración. La celebración tuvo lugar en una calle del centro de Manhattan, que fue cortada al tráfico y en la que se instalaron diez réplicas de los antiguos vagones de metro «blue-bird», sobre los que 24 artistas realizaron sus dibujos. Los «blue-birds» fueron durante los 80 el «lienzo» preferido de los artistas del grafito, si bien la aparición de disolventes eficaces para los aerosoles puso punto final a la época de los vagones « decorados» por fuera. En su intento por retirar los permisos, el consistorio afirmó que este evento iba a « glorificar la actividad delictiva» y que era «toda una invitación al vandalismo», si bien una Corte Federal dio la razón al diseñador urbano y autorizó la fiesta, alegando que la prohibición municipal atentaba contra la libertad de expresión. «Toda esta polémica ha atraído a miles de personas a algo que iba a ser una fiesta de amigos», afirmó satisfecho el diseñador.
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