Para el autor argentino, que vive y escribe en Punta del Este, "el periodismo, en un primer momento que puede ser muy largo, es un beneficio para el escritor, pero luego está el peligro de caer en lo esquemático".
Desde hace nueve años Rodolfo Rabanal, autor de notables novelas como «El apartado», «Un día perfecto» o «La mujer rusa», y ganador de las becas Fullbright y Guggenheim, eligió vivir en Punta del Este. En diciembre pasado publicó su elogiada novela «El héroe sin nombre».
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Dialogamos con Rabanal sobre ella y sobre el conjunto de su obra.
Periodista: Sorprende la regularidad con que vienen apareciendo sus obras...
Rodolfo Rabanal: En 2000 publiqué los cuentos de «Los peligros de la dicha», en 2001 los ensayos de «La costa bárbara», en 2004 la novela «La mujer rusa», y a fines del año pasado «El héroe sin nombre». Llevo 13 libros, la mayor parte son novelas.
P.: ¿Ese ritmo de publicación se debe a que se alejó de Buenos Aires?
R.R.: Tengo, desde mi primera novela, «El apartado», de 1975, un ritmo constante, cada dos años saco un libro. El paisaje no influye para nada, podría escribir en cualquier lado. Uno lleva consigo todo. Durante mucho tiempo he escrito en los cafés. Por supuesto, conviene más un lugar silencioso y cómodo. Pero no elegí Punta del Este para poder escribir sino porque me gusta.
P.: Usando el título de su primer libro, se dice que usted es el escritor más «apartado» de su generación literaria.
R.R.: Ser escritor como profesión es algo extraño. Nadie, para comenzar, le pide a uno nada. Cuando uno comienza a escribir no hay ninguna demanda, sólo ofertas, algo raro en un mundo como el nuestro. Nunca pertenecí a capillas ni al staff de una revista literaria que genera una escuela o algo por el estilo.
P.: ¿Considera que la precisión estilística, el lenguaje despojado y el criterio poético es lo que lo singulariza?
R.R.: Cualquier escritor que ama lo que hace se preocupa por su escritura, que yo lo haga no es algo que me aparta de mis colegas, no creo que sea ésa una particularidad que me excluya.
P.: ¿Qué escritores influyeron en esa particularidad suya?
R.R.: Entre 1968 y 1972 leí casi exclusivamente a Eliot, Kafka, Joyce y Dante. Ellos me sacaron de ese mundo multitudinario y repentista, necesitado de la aclamación de ciertos sectores, que había en la Argentina en esos años. Me excluí de eso, y trabajé sobre esos autores, lo que dio como resultado un cambio importante en mi necesidad expresiva.
P.: ¿El periodismo ayuda a convertirse en narrador?
R.R.: En un primer momento, que puede ser muy largo, es un beneficio para el escritor porque es amplitud, bastedad temática, es la calle, es centrar la realidad en un marco determinado y estricto que impone tener un cierto orden. Se tiene que traducir la realidad a un número limitado de palabras fácilmente comprensibles. Es una escuela que ayuda a «traducir» lo real a virtual. A mí me fue muy útil por la mundanidad que impone. Pero, a partir de cierto momento, cuando uno todo esto ya lo maneja, el periodismo se podría transformar en un inconveniente para el escritor. Las virtudes que señalé se pueden convertir en dificultades. Está el peligro de que se caiga en lo esquemático. Pero no a todos les ocurre eso. P.: Muchos escritores argentinos, Borges entre ellos, provienen del periodismo...
R.R.: Es que es el modo de vivir mas aproximado al de la literatura. Acaso si hubiéramos nacido en las clases holgadas no hubiéramos necesitado ser periodistas. Aunque siempre hubo periodistas escritores en las clases altas.
P.: En su novela «El héroe sin nombre» retoma elementos de novelas anteriores suyas como el personaje apático que vive una transformación interior.
R.R.: Quien escribe tiene un solo motivo muy importante que prevalece como fondo de lo que trata en distintos temas. No sé hasta qué punto se es consciente de eso que lo mueve y que está en cada cosa que se escribe. En mi caso, es así. Ya en mis primeros libros apareció la necesidad de excluirme de lo multitudinario, de estar apartado, de rescatar al individuo en su rumiar propio. En «El héroe sin nombre», mi personaje alcanza un compromiso ético que lo vuelve una víctima colectiva.
P.: Usted trata muchas veces sobre lo breve de la felicidad.
R.R.: Cuando hablamos de felicidad, hablamos de algo que no conocemos más que esporádicamente. Por otra parte, las experiencias valederas son las que ocurren en el momento, y si hay algo eterno es el instante. El instante es valiosísimo. Cada vez que vamos a ser felices por algún motivo determinado, probablemente ocurra que somos felices porque alguna vez lo fuimos en una experiencia semejante. La felicidad es algo que ocurre de forma sorprendente, como el arte.
P.: ¿Por qué en su novela vuelve a mezclar erotismo y muerte?
R.R.: La sensualidad amorosa actúa inconscientemente contra la muerte, se fortalece a partir de la vida, pero la muerte siempre está cerca, y es posible que la muerte lleve a la intensidad de la relación. Por eso es que en los duelos, en los velorios, se producen enamoramientos; hay gente que se conoce en medio de una desgracia y entra en un pasión desesperada.
P.: Se ha vinculado a «El héroe sin nombre» con «El extranjero». Que usted comience por el hallazgo de una libreta de escritor, como las que llevaba Camus ¿es un homenaje a ese premio Nobel?
R.R.: Desde hace años llevo cuadernos, libretas de escritor. Algunas son totalmente ilegibles, pero es la pileta del pintor, está llena de borrones, pero es el combustible que alimenta a la obra. La libreta a la que hago referencia en «El héroe sin nombre» existe y la llevé en Mar del Plata en junio del '78, durante la época del Mundial de Fútbol, mientras escribía «Un día perfecto», aquella novela sobre el último expatriado de la tierra. Pero en la libreta no dejaba de anotar datos de ese tiempo ominoso. Esa libreta la descubrí hace dos años en el fondo de un cajón, y allí estaba la novela que estaba buscando, que era la deuda da algo que tenía que contar. A la vez hay algo de Camús en la toma de conciencia y el compromiso ético.
P.: ¿Que está escribiendo ahora?
R.R.: Un nuevo libro de ensayos. Uno es sobre Dante, un tema que me persigue bastante. Cuento un viaje que hice por Italia tratando de descubrir el enigma prerrenacentista de Dante, mientras, mezclando los tiempos, voy dando mis impresiones de la vida actual de Italia. Otro ensayo es una apología de la divagación. Hay un estudio sobre el estilo, y está «Objetos de ansiedad», un ensayo sobre el arte actual. Aparte estoy preparando una novela que está en sus primeros pasos.
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