7 de junio 2002 - 00:00

Sólo para amantes de estridencias y morbo

«Mataperros» (Argentina, 2001, habl. en español). Dir.: G. Arregui. Int.: P. Matienzo, J.E. Mussano, A. Fega, G. Privitella, D. Capussoto.

La heroína de este film es una joven huérfana, enganchada, al menos hasta que escarmienta, con la TV, las fanfarronadas de un malviviente, y otras agresiones, incluyendo humillaciones sexuales. También hay pateaduras a un kioskero y a cualquier otro que se cruce por la pantalla. Como un ángel vengador, cada tanto aparece un enano, atento enamorado de su enana, alegórico mataperros del título, y héroe de la novela del momento, esa del gangster millonario (el enano) y la chica pobre y castigada. Chocan así la cruda realidad y la ilusión televisiva, ilusión que también se contamina y se degrada.

Como puede advertirse, estamos ante un grotesco de sexo y violencia, además lleno de guiños burlones (dibujitos, cantos infantiles, apropiación de nombres familiares, nada se salva), que los amantes de las estridencias y el morbo sabrán apreciar. También la música rockera de la banda sonora es casi siempre estridente y nerviosa, con los debidos lucimientos de Francisco Bochaton, Palo Pandolfo, Peligrosos Gorriones, Reincidentes (se incluye «Pretty puta sirenita»), y similares. Resta anotar un itinerario de road-movie a la criolla, y un significativo, inesperado momento, con un árbol como descanso junto al camino. La satisfacción, sin embargo, sólo se cumple a medias, quizá porque el comienzo del relato predispone hacia algo mejor, o simplemente porque el conjunto no logra superar los lugares comunes del subgénero, y sus personajes estereotipados resultan reiterativos, aparte de odiosos, para sostener todo un largometraje.
 
Quien se sostiene atendiblemente es la protagonista, aunque sus escenas en el orfanato sólo son aceptables como parte de una broma mayor. Un chiste que remite a esas picarescas nacionales de los '80, donde, por razones legales, los personajes de colegialas menores de edad eran interpretados por grandulonas tipo grandulonas, lo cual se notaba a simple vista (y en verdad eran para engordar la vista).

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