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23 de mayo 2006 - 00:00

Stern: talentosa pirotecnia

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Mike Stern volvió a mostrar sus habilidades técnicas (uso endiablado de todo el diapasón, vértigo en cada improvisación, etc.) acompañado de excelentes músicos, también ovacionados a la hora de los solos.
Actuación de Mike Stern (guitarra). Con L. Goines (bajo), B. Franceschini (saxo) y K. Thompson (batería). (La Trastienda, 20 y 21 de mayo.)

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Varias cosas se conjugan para que pese al paso del tiempo, y a haber estado mucho tiempo sin tocar en Buenos Aires, el guitarrista norteamericano Mike Stern siga teniendo muchos adeptos por aquí. La Argentina es un país de guitarristas, profesionales y amateurs, que gozan con las habilidades sobre este instrumento. Pero además, cada vez que Stern anduvo por nuestro país, siempre dejó una muy buena impresión.

Por eso, en esta nueva visita, siete años después de la anterior, hizo un concierto en Neuquén y dos presentaciones en La Trastienda porteña con muy buena convocatoria. A lo largo de su historia, ha compartido escenarios con grandes figuras, como Billy Cobham, Jaco Pastorious, John Scofield o Michael Brecker. Son innumerables los premios recibidos desde que se largó como solista a principios de los '90. Y con muy buenas críticas fueron recibidos también sus dos últimos discos, «Voices» de 2001 y «These Times» de 2004, parte de los cuales integró el repertorio de sus shows argentinos.

Stern se destaca, sin dudas, por sus habilidades técnicas. Músico de jazz -por su amor a la improvisación y la intencionalidad de esas melodías repentistas- no oculta, de todos modos, su fuerte influencia rockera. Los temas -otra vez el jazz- parecen ser sólo una excusa para los momentos repentistas; y las melodías «en estado puro» sólo aparecen en el comienzo y en el final de cada interpretación. Pero el modo de hacer escalas, el uso endiablado de todo el diapasón de la guitarra, el vértigo que pone en cada improvisación, lo acercan mucho más al lenguaje del rock. Y es allí donde arranca las mayores ovaciones de un público muy dispuesto a divertirse con su destreza.

Los títulos elegidos para el concierto son pocos pero muy largos. Como decíamos, su mayor interés está en la libertad de tomar por diversos caminos.

Es entonces cuando tanto él como sus compañeros -todos tan bien dotados técnicamente como él- dan rienda suelta a improvisaciones y dejan a la platea con muchas ganas de aplaudir después de cada solo. Y, en ese sentido, quizá por ser la menos conocida por aquí, sorprendió la baterista Kim Thompson que supo lucirse en medio de un cuarteto de virtuosos.

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