Morgan Spurlock devora comida chatarra durante un mes, en un documental cuyo rigor de investigación es similar al de los movileros de «CQC».
«Super Size Me» (id., EE.UU., 2004; habl. en inglés). Dir. e int.: Morgan Spurlock. Documental.
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Es llamativo, por no decir alarmante, que el documental favorito para ganar el Oscar consista en la historia de un hombre que sólo comió hamburguesas gigantes durante un mes y engordó. El hombre en cuestión se llama Morgan Spurlock, tiene una novia vegetariana, conduce programas sensacionalistas en TV, y dice que tuvo la idea de hacer esta película, «Super Size Me», cuando supo que dos adolescentes habían demandado a McDonald's por su sobrepeso. Entonces Spurlock se puso a engullir, como única dieta y durante un mes, productos de esa cadena en distintas zonas de los EE.UU., para probar si era cierto.
A nadie se le ocurriría filmar un documental para demostrar, por ejemplo, que si una persona sumerge media hora la cabeza bajo el agua se ahoga. O que si la golpea diez minutos seguidos contra un pared se hiere. Spurlock, sin embargo, quiso experimentar con su propio cuerpo que si alguien desayuna, almuerza y cena durante un mes, y exclusivamente, esos productos en sus tamaños máximos («super size»), engordará 12 kilos, elevará a las nubes sus índices de colesterol, y sufrirá otros desarreglos como, en su caso, la falta de erección (de donde podría pensarse al Big Mac como el antiviagra). «Super Size Me» puede ser una película por momentos divertida, pero como documental es la obra cumbre del «MacAneo». Spurlock la emprende contra la más famosa cadena de hamburgueserías del mundo pero se olvida del resto de la comida chatarra que engorda a diario al Tío Sam (desde el pop corn a la manteca de maní, la cheese cake bañada en syrup, los enormes pretzels en la calle, etc.). El cineasta aclara, al terminar el film, que su antiproeza alimentaria es un gesto extremo, metafórico, de la abundante cantidad de este tipo de comida que ingieren los norteamericanos, al punto de que ese país tenga la población más gorda del mundo.
La conclusión dista de ser una primicia, y la película es más grotesca que educativa. Lo que sí revela es la paulatina consolidación de este género cuasidocumental que fundó Michael Moore, aunque con mucha más agudeza y desparpajo. En el dialecto Pettinato, Spurlock es un mini-Moore; mientras se atosiga de papas fritas, pollo empanado y McSundaes, ni siquiera logra, por ejemplo, que lo reciban los directivos de McDonald's (como le pasaba a Jorge Lanata con Martínez de Hoz en «Deuda»).
Evidentemente, son estos los años del docu-humor, híbrido de «testimonio» y entretenimiento cuyo rigor de investigación se asemeja más al de un movilero de «CQC» que al de los excelentes trabajos documentales que se ven, sin publicidad alguna, por los canales de cable especializados como «The History Channel» y tantos otros.
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