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8 de mayo 2007 - 00:00

Tarea suicida: filmar en Bagdad

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Hacer una película sobre la guerra en Irak es un desafío. Y rodar in situ, como lo descubrió el director Mohammed al-Daradji, puede ser una experiencia cercana a la muerte. Daradji contó que él y su equipo fueron blancos de disparos por parte de hombres armados y secuestrados brevemente mientras filmaban «Ahlaam» («Sueños») en 2004.

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También fueron detenidos por las fuerzas estadounidenses quienes sospechaban que pudieran estar filmando una película para Al Qaeda y perseguidos por helicópteros de ataque mientras hacían una escena con un arma antiaérea sobre una colina en las afueras de Bagdad. Pero valió la pena el riesgo cuando recibió una ovación de pie al ser estrenada en Bagdad hace algunas semanas. «La película ganó 17 premios en una variedad de festivales de cine internacionales. Pero esos momentos de alegría se vieron eclipsados cuando vi a mis compatriotas apreciar mis esfuerzos», dijo Daradji de 29 años, después de que la película fue proyectada en el Teatro Nacional de Bagdad. Basada en historias reales, el film sigue la odisea de dos pacientes psiquiátricos que escapan de su institución mental y deambulan por las caóticas calles de Bagdad, cerca del momento en que las tropas estadounidenses ingresarona la capital en abril de 2003. El film entreteje raccontos para mostrar cómo ambos sufrían en los años previos al derrocamiento de Saddam Hussein. Uno de los personajes principales es Ahlaam, una mujer que se llama igual que la película, cuyo esposo políticamente activo fue raptado por los agentes de seguridad de Saddam durante la ceremonia de su boda unos años atrás. El otro es Ali, un soldado conscripto, quien vio a su amigo y camarada Hasan morir en un ataque aéreo estadounidense a fines de la década de 1990. Abrumados por la angustia, ambos terminan en un institución mental.

Para evitar que los helicópteros los atacaran mientras filmabanla escena con lo que ellos decían era un arma antiaérea, los miembros del equipo desplegaron un cartel sobre el suelo que decía: «Somos un equipo cinematográfico señor piloto, por favor no sea estúpido y no arroje bombas sobre nosotros». Dos helicópteros estadounidenses volaron bajo de todas formas para vigilar.

La película de Daradji costó unos -relativamente modestos- 300.000 dólares para ser filmada. Los observadores de la industria local esperan que el cine iraquí reviva y que haga que la gente vuelva a ver películas después de décadas de subfinanciamiento y restricciones por parte del estado de Saddam.

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