Berger, entre Broadway y la calle Corrientes

Espectáculos

Habituada al método de trabajo estadounidense, reconoce que le costó adaptarse al de nuestro país. Producirá "Madres", en el Picadero.

¨Con el dinero que hago en Broadway tres ensayos acá produzco una obra entera, sin embargo, la entrada allá cuesta 100 dólares y acá 10 o 12. En la Argentina, aun si vendiéramos todas las entradas y con el máximo aforo iríamos a pérdida, por eso el negocio se buscó en los sponsors¨, explica la productora teatral Valentina Berger, quien trabaja hace más de una década en Broadway en la producción de alfombras rojas, dirección de campañas de marketing y publicidad. Hizo más de 50 obras incluyendo “Once”, “Matilda”, “Rock of Ages” y “Les Misérables”. Berger adaptó para el gusto local ¨Madres¨, con Sabrina Garciarena, Paula Kohan, Viviana Puerta y Florencia Otero, que debuta el 13 de agosto en El Picadero. ¨Dentro de poco el aforo teatral llegará a 80%, o quizá hará un paso previo en 60% y luego llegará a 80%, una noticia vital para la actividad y en lo que ya estamos trabajando porque hay que modificar la disposición de las butacas¨.

Berger proyecta para 2022 el musical adolescente “Heathers”, que dirigirá Fernando Dente, y quiere traer ¨Matilda¨ para 2023. La productora creó en pandemia “GO Broadway”, un programa de formación de estudiantes latinoamericanos en teatro musical que conecta a maestros y creadores con artistas del mundo. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Qué diferencias hay en los modos de producción de la Argentina y Broadway?

Valentina Berger: En Broadway la función de cada uno está muy definida y eso tiene un costado bueno y otro malo: la gente hace sólo una cosa, no puede opinar de lo que no es su área, en cambio los argentinos sabemos un poquito de todo, lo que a veces genera desorden y caos. Todos quieren hacer todo. Otra diferencia está en los tiempos, acá el ritmo es más tranquilo, los actores llegan, charlan y hasta que se ponen a ensayar demoran. Admito que le tomé el gustito aunque cuando empecé quería hacerlo a lo yanqui, tipo robot. En Broadway comienzan a venderse los tickets cuatro meses antes y acá con sólo una o dos semanas de anticipación, con lo que se llega al estreno sin saber cuánta gente vendrá. Los argentinos son más espontáneos, pero como en Broadway se trabaja con más presupuesto, hay más presión y más necesidad de tener data para saber cómo se llega al lanzamiento y cómo será la temporada. Allá usan el sistema operativo de los aviones, que cuando el usuario entra a comprar pasaje sube o baja el precio según la demanda. Porque la entrada se cobra más o menos según la disponibilidad de butacas. Allá si en tres semanas no se consigue el público esperado la obra baja de cartel. Ahora hay muchísimas en lista de espera.

P.: ¿Cuánto cuesta producir una obra en Broadway y cuánto en Argentina?

V.B.: Los presupuestos semanales se dividen en pre opening (preestreno) y running (representaciones). Un running bajo es de 500 mil dólares la semana y uno alto un millón y medio, de modo que hay que imaginar lo que tienen que facturar para que funcione. Hay obras que dan vueltas más de diez años antes de llegar y otras van más rápido. Comienzan como workshop, se muestran ensayos a inversores, después van a teatritos de verano regionales, y tal vez lleguen a Broadway. Otras se lanzan primero en Londres y después llegan. La única argentina que hizo tours por todo el mundo y llegó a Broadway es Fuerzabruta. Para que algo de allá funcione acá hay que unificar temáticas porque, por ejemplo, cuestiones sobre racismo o política estadounidense no resuenan acá.

P.: ¿Qué pondera a la hora de producir un proyecto?

V.B.: Primero que me interese y que tenga algo para decir, más allá de que comercialmente sea increíble. En el caso de ¨Madres¨ fue como mi tercer hijo cuando mi marido me dijo que no quería más de dos. Me gusta la temática de las madres y que no hay una forma de serlo, y el apoyo y la red con otras madres. Y la obra de Fernando Dente me interesa porque aborda el bullying pero desde quienes lo hacen, y bucea en las causas de por qué se llega a eso.

P.: El año pasado produjo junto con Carlos Mentasti ¨Rent¨, que terminó viéndose por streaming. ¿Qué puede decir de la pandemia y lo virtual?

V.B.: En el corto plazo la pandemia destruyó la industria teatral, yo me reinventé y saqué fuerzas pero amigos míos en Broadway tuvieron que vender propiedades o trabajar de lo que fuera. Quizá a largo plazo veamos frutos como nuevos modos de producción y consumo. Hace diez años vengo diciendo que filmen las obras; yo me enamoré del teatro porque mi papá me traía DVD de obras filmadas que se veían muy mal. Pero así crecí, no vi mucho teatro en la calle Corrientes pero sí grabado.

P.: “Heathers” apunta a un público adolescente, ¿consumen teatro?

V.B.: A los adolescentes les interesan formas nuevas, por ejemplo teatro por whatsapp o el teatro de inmersión, donde se sigue a los actores, o microteatro. Hay que mostrar teatro desde chicos y después crecerán con ese hábito. Me gusta desarrollar proyectos 360, estamos filmando ¨Madres¨ a 8 cámaras con grúa al mismo tiempo que los ensayos, también pienso en llevarla a Punta del Este o México. Hay que explotarla y no limitarla a que se estrene y baje de cartel.

P.: ¿Qué ve en los jóvenes artistas de hoy?

V.B.: La tienen difícil porque manejan mucha información gracias a las redes. Cuando yo era chica era todo más básico. Ahora les enseñamos a ser ellos mismos y a dejar de lado lo que creen que es la vida de los otros a través de Instagram. Todos quieren ser celebrities o influencers con miles de seguidores y piensan que es de un día para otro. Todo implica trabajo, creo que hay 30% de talento y el resto es dedicación. Cuando me dicen que quieren ser como Ariana Grande digo que es bueno soñar alto pero hay que levantarse y dormirse haciendo esto, viviendo de esto. A veces el tiktoker queda en una obra de teatro y después no hace nada más. Puede que les vaya bien en redes pero con eso no alcanza para ser un gran artista. Y eso hoy hay que explicarlo.

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