Desde el fin de semana el Complejo Teatral de Buenos Aires volvió a funcionar a pleno: en la sala Martín Coronado del San Martín se presenta “Siglo de oro trans”, de Gonzalo Demaría (versión libre de “Don Gil de las Calzas Verdes” de Tirso de Molina); en la Casacuberta se repuso “Cae la noche tropical” de Manuel Puig en versión de Santiago Loza y Pablo Messiez con Leonor Manso, Ingrid Pelicori y Eugenia Guerty; en el Regio se estrena “El amo del mundo” de Alfonsina Storni en versión de Francisco Lumerman; en La Ribera debutó “Las cautivas”, de Mariano Tenconi Blanco, con Laura Paredes y Lorena Vega; en el Sarmiento sigue la retrospectiva de Mariana Chaud y debuta la semana próxima “Retratos de masculinidades”, con dirección de Ariel Gurevich. En la sala Lugones se verán los ciclos “Luz, cámara rock”, “Kurosawa, lado B”, “DocBuenosAires”, “Encuentro con el nuevo cine noruego”, “El cine de Jerzy Kawalerowicz”, “Estrenos” y “Reencuentro con Machiko Kyó”.
El Complejo Teatral de Buenos Aires ya está funcionando a pleno
Para su director, Jorge Telerman, hay obras que hoy se entienden de manera distinta tras la pandemia.
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Fin de semana XXL: ¿Dónde pueden verse las obras premiadas en los ACE por la crítica especializada?
Telerman. “Lo que quedó pendiente de 2020 se verá distinto en 2022”.
Esta semana, además, se lanza el premio del CTBA que distinguirá a diez producciones de los teatros independientes con 500 mil pesos. Dialogamos con Jorge Telerman, director del CTBA.
Periodista: ¿Cuáles son sus criterios de programación?
Jorge Telerman: Los grandes textos y artistas ni siquiera hace falta que uno los coloque en la perspectiva del tiempo que les toca. Por algo se vuelven clásicos. Esos textos hablan sobre el tiempo en que fueron concebidos y se resignifican por el contexto en que se representan. Pasa con “Cae la noche..”, ese texto que piensa la distancia en situación del exilio por la dictadura, y las características del pueblo siempre presentes en obra de Manuel Puig. Hoy tiene otro sentido con la distancia que la pandemia nos generó. Resonará de manera diferente esta vez que hace dos años, con la misma puesta y los mismos actores. Lo estupendo de trabajar con clásicos aunque sean contemporáneos es que terminan pintando tu aldea. El texto clásico habla de lo esencial de la vida y algo del tiempo en que se representa.
P.: ¿En 2022 habrá novedades o se sigue programando lo que quedó pendiente?
J.T.: Lo que quedó pendiente también se verá distinto, por ejemplo “Boquitas pintadas” o “Bodas de sangre”. Esa programación es tan sólida que no la queremos perder. Lo que se presenta cierra su círculo en el espectador, la producción de sentido como la imaginamos hace dos años será distinta hoy. Los ecos que despertarán las obras harán que, por caso, “Siglo de oro trans”, en la Martín Coronado, parezca una nueva obra, y eso más allá de las dimensiones de la sala. Queremos tener coproducciones y para eso estamos hablando con los italianos, con Francia, India y Uruguay.
P.: El premio a los independientes ¿surgió como respuesta a la crítica que recibieron de que el CTBA quería programar a costa de los independientes y precarizarlos?
J.T.: Es un momento de sensibilidad y todo está atravesado por esta especie de pelea de barrio y barro que tiene hoy una parte pequeña de la sociedad, pero muy intensa y que duró unos segundos. Se extinguió, no tenía razón de ser. Había sido una iniciativa para que las compañías independientes tuvieran lugar cuando las salas pasan un momento difícil con los trabajos de adecuación a los protocolos sanitarios. Recordemos que los teatros independientes no son emprendimientos económicos sustentables sino individuales, de pura pasión. Vino la pandemia y tuvieron q cerrar. Finalmente lanzamos estos premios, que son similares a los del Banco Ciudad del año pasado pero ahora se da parte del dinero a las salas, que son las que tienen que presentar los proyectos. Es presupuesto del CTBA que por la coyuntura no se usó y no volvió al tesoro sino al teatro. Otra parte que no se usó se destinó al acopio de materiales para obras del año próximo.
P.: ¿Cuál es el presupuesto global con el que contó el CTBA este año?
J.T.: 103 millones de pesos en presupuesto de gestión, es decir producción de obras. Otro tanto hay que sumar de personal, servicios y mantenimiento.
P.: El Met contrata a los independientes y nadie se quejó.
J.T.: Hemos hecho escuela en convocar al independiente y luego Jon Goransky y Ariel Stolier, con el Met, que tienen el ojo muy puesto en el comercial, también rescatan la sensibilidad del independiente y programaron teatro off en calle Corrientes. Es borrar las fronteras entre el independiente y lo masivo. “Petróleo” fue el caso testigo y continúa. La escena porteña pudo mantener durante décadas estos tres circuitos con épocas que dialogan más y otras menos. Hoy se están levantando esas barreras que a veces prejuiciosamente tienen difícil conversación y hoy fluye con naturalidad. No sólo autores, directores y actores van de un lugar a otro sin perder excelencia e identidad sino que la misma obra lo hace.
P.: Siempre se recuerdan y rescatan los buenos tiempos de Kive Staiff. ¿En qué se diferencian de éstos y en qué sigue habiendo correlato?
J.T.: Hay continuidades y cambios. Continuidades porque el CTBA lo creamos juntos cuando yo era Secretario de Cultura en el 2000. Cada uno fue agregando sobre lo construido del anterior. Hay épocas de mayor brillo, como cuando pudimos inaugurar el renovado San Martín con la reforma arquitectónica y escenotécnica. Hoy el CTBA produce 100% de lo que vemos, hubo otros tiempos de más coproducciones y hoy se retoma la característica de fábrica de arte. Hay una diferencia con la época de Kive, cuando había grandes cosas como el maravilloso elenco estable o las temporadas internacionales. Pero había también otra realidad económica.
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